Canis Canem Edit (conocido en el resto del mundo como Bully) es un juego al estilo Grand Theft Auto que alcanzó la fama dado su polémico argumento centrado en el bullying en el ámbito escolar.Jimmy es un potencial delincuente al que su madre y su padrastro internan en uno de los colegios más duros durante un año. En su papel de "novato", deberá hacerse un hueco a la fuerza entre las jerarquizadas tribus de la escuela girando su papel de abusado al de abusador.
Sé que como pedagoga debería estar totalmente escandalizada ante la existencia de un juego que te da cierta variedad de acciones para humillar a tus congéneres. Sin embargo, como persona viciada que soy, estoy demasiado ocupada con el mando de la consola y los minijuegos del Bully para sentir cualquier arranque de moralidad judeocristiana (¿ya se entiende por qué mi frecuencia de posteo ha disminuido?). Además, mi profunda creencia de que ponen las edades recomendadas en las cajas de los juegos por algo y de que los padres han de asegurarse de que sus niños diferencian la ficción de la realidad antes de dejarles ver la tele o coger una consola, apagan cualquier sentimiento de culpabilidad que pudiera llegar a tener.
Otro factor que me ayuda a poder dormir por las noches es que, según el Ministerio de Educación y Ciencia, ningún estudio ha podido confirmar las hipótesis negativas que la opinión pública ha dado como válidas sobre los videojuegos y, según el informe en el que se publica tal conclusión: "En relación con la violencia, uno de los efectos más estudiados, los diversos trabajos plantean que los jugadores de videojuegos muestran conductas más agresivas que los no jugadores, sin poder determinar si este efecto se produce porque los videojuegos producen agresividad o si, por el contrario, las personas con agresividad ya expresa en su carácter, tienen cierta preferencia por este tipo de actividad. En este mismo sentido, algunos estudios experimentales muestran cómo se acrecienta la conducta agresiva mientras el jugador está inmerso en la ficción del videojuego y cómo esta se diluye cuando el jugador vuelve ha tener contacto con la realidad, pudiendo conseguirse un beneficioso efecto de canalización de tensiones y de evasión."
Independientemente de este estudio (que tan sólo dice que no se ha demostrado, no que no sea posible), creo que la responsabilidad de que con qué juegos se entretienen los menores es potestad de los padres. No estoy de acuerdo con que haya censura en este sector puesto que, actualmente, hay un gran número de jugadores mayores de edad, de mentes ya formadas y no maleables, que crecieron con las primeras consolas y que disfrutan de la violencia explícita como si de una película de Steven Seagal se tratase. Porque tal y como demuestra la Nintendo DS: Los videojuegos ya no son sólo para niños.






