Mademoiselle Why Artwork

viernes, mayo 30, 2008

Desmoralizando accidentalmente

Aunque lo neguemos con todas nuestras fuerzas es cierto: el ser humano es retorcido.

La prueba más clara de ello son los comentarios "inocentes" cuyo objeto son destruir el autoestima ajena. Pasamos de un "estos pantalones te hacen un culo del tamaño de Texas" a un "estás demasiado delgada" o "te has quedado plana" en fracción de segundos. Sin piedad ni miramientos. Muchos atacan el ego ajeno para subir el propio, para sentirse superiores y olvidar sus propios complejos. Algo triste, ruin y macabro que se ve todo los días.

Es por eso que la mayoría de veces hago oídos sordos. Al igual que yo no me subo la moral a costa de otros no permito que se suban el autoestima a costa de destruir la mía. Así de simple.

El problema es cuando el comentario es totalmente inocente y lo que pretende es completamente lo contrario. Cuando se pretende alabar a una persona y se mete la pata hasta el fondo.

Comentarios tan bonitos como "estás preciosa, la felicidad de estar embarazada se te nota" a quién crees que es una pre-mamá dejan de serlo cuando hace un par de semanas que ha dado a luz; al igual que un "se nota que estás enamorado porque irradias belleza y felicidad" es inapropiado para alguien que se acaba de enterar que porta unas astas dignas de trofeo.

Por eso, cuando en el Cómic Nostrum mantuve la siguiente conversación, no pude evitar que mi ego se volatilizase al instante.


- ¡Oh! ¿De quién vas?
- ¿De quién voy? ¿Cómo?
- Sí, tu cosplay. ¡Es genial! ¿De quién vas?
- ... De mí misma...
- ...

Los cosplay son disfraces de personajes que abarcan desde cómics hasta grupos de música, una tendencia bastante popular en algunos grupos de otakus.

El problema es que yo no iba disfrazada. Sí, quizá fuera demasiado elegante para ir a una feria de cómics, pero... ¿una no se puede intentar poner guapa para asuntos triviales sin que se piensen que va disfrazada?

¡Devolvedme mi autoestima insensibles!


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jueves, mayo 29, 2008

Hablar en público es complicado, sobre todo si se ha de hacer una exposición sobre algún trabajo documentativo o investigativo. Es, sin duda alguna, una de esas situaciones que se nos pueden presentar sin ningún miramiento en pesadillas.

La inseguridad, el miedo al fracaso, a no ser escuchado y a meter la pata se nos mete en las venas cual veneno paralizante. Perdemos la vocalización, sudamos, tartamudeamos y nos quedamos en blanco cuando nos preguntan.

Perdí gran parte de ese miedo irracional a los doce años en una exposición para Educación Física. Mi grupo exponía sobre la obesidad y a mí me había tocado investigar sobre el bypass intestinal y el bypass gástrico, cirujías bastante peligrosillas con las que se trata la obesidad mórbida.

Mientras los componentes de mi grupo explicaban me fui tranquilizando dada la poca atención que ponía el resto de la clase en sus palabras. Al fin y al cabo, si iba a meter la pata nadie se enteraría. Ellos no aprenderían nada y yo no quedaría humillada socialmente.

Me tocó el turno y abrí mi pequeña cartulina explicativa y comencé a hablar. Al cabo de un rato me percaté que algo fallaba, había un completo silencio en la clase. Cuando los miré todos observaban atentos y boquiabiertos lo que les decía: les interesaban los matices gore de mi explicación.

miércoles, mayo 28, 2008

Temas trascendentales

Es curioso, pero siempre que le propongo a alguien hablar de temas trascendentales siempre recibo la misma respuesta: ¿De sexo?

En esos momentos me siento como un animalillo primario, un ser cuya existencia es aplacar una serie de necesidades físicas ineludibles. Todos estos siglos de evolución moral, política y económica se ven ensombrecidos por las necesidades carnales del ser humano.

El sexo es uno de los temas favoritos de la humanidad.

Muchos creen erróneamente que hablar de ello conlleva dar detalles íntimos. Existen tantas parafilias, costumbres culturales sexuales y mitos que hacen totalmente innecesaria cualquier experiencia personal. ¿Para qué hablar sobre qué posturas adquieres en el acto si puedes comentar la antolagnia o la autoungulafilia*?

Es más, cuando según que personas comentan cosas de su vida sexual íntima (de forma explícita) el tema se vuelve repentinamente soez, desagradable. La imaginación empieza a actuar sin el consentimiento del receptor de la información y este se ve inexorablemente inmerso en una imagen mental que puede pasar de lo ligeramente incómodo a lo totalmente repulsivo. Reacción inconsciente del cerebro que puede provocar más de un trauma grave. ¿Es necesario renunciar a la intimidad de esa forma?

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*Antolagnia: Excitación sexual al oler flores.
*Autoungulafilia: Encontrar placer sexual en rascarse los genitales (creo que eso lo padecen el 99% de los varones).

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martes, mayo 27, 2008

Reencuentros y conocidos

Cuando te encuentras con un conocido al que hace tiempo que no ves es de buena educación preguntar. Hacer como si ciertamente te importara qué es de su vida, que te interesa su número de móvil para quedar y charlar, etc.

Es una muestra socialmente aceptada de hipocresía que de vez en cuando nos vemos obligados a realizar. Yo pregunto, tú preguntas, intercambiamos números de teléfono y un "llámame este fin de semana para quedar". Una tradición en la que todos los componentes saben que nadie tendrá interés y que nadie llamará a nadie.

Lejos de plantearme el por qué de un protocolo tan contradictorio (similar al de las conversaciones de ancensor) y siendo conciente de que muchas veces intento facilitar las cosas utilizando la técnica del esquive vil y rastrero, me pregunto dónde está la lógica y el límite de las preguntas de cortesía de ese encuentro fugaz.

Es normal que la conversación ronde alrededor del estado de salud, el trabajo y la vida actual de ambos interlocutores, pero siempre se tiende a preguntar más.

¿Cómo está tu maravilloso novio Juanito?


Error. Gran error.

Aunque mi filosofía se base claramente en procurar saludar de lejos (si realmente les interesa hablar harán el esfuerzo de acercarse), me han cogido desprevenida un par de veces.

En estas emboscadas sin expectativas de huída he sido obligada a mantener la rutinaria conversación de dos conocidos que ni llegaron a ser amigos. Sin embargo, las duras experiencias surgidas de tal situación me han enseñado mucho. Sobre todo a no preguntar sobre parejas y amigos del pasado, el tiro nos suele salir por la culata: muchos amigos no son para siempre y lo que creíamos nuestra media naranja a veces resulta ser un pomelo. Si pasa en nuestras propias vidas es de lógica que pase en la de ellos.

Mi metodología es simple pero útil: no utilizar ningún nombre propio en las preguntas. Si siguen en la vida de nuestro conocido serán nombrados por el mismo. Si sigue con pepito o menganito lo dirá para demostrar lo duradero de su amor y si sigue hablando con sus compañeros de colegio también aflorarán espontáneamente en su conversación. Recuerda, si abarcas bien la situación evitarás situaciones incómodas y no saldrás malherido.


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lunes, mayo 26, 2008

Còmic Nostrum 08

Este sábado fui a la primera Feria Còmic Nostrum de Palma, estrenándome en este tipo de acontecimientos.

Había ido ya varias veces a "firetes" del cómic, unas pequeñas ferias destinadas a la compraventa de cómics de primera y segunda mano con alguna actividad organizada por grupos y asociaciones juveniles. Sin embargo, nunca había ido a una "feria" propiamente dicho.

¿En qué se diferencian las ferias de las "firetes"? En prácticamente nada, supongo que en aspectos organizativos y subvencionales. Ambas son de entrada gratuita, se venden cómics de primera y segunda mano y las diferentes asociaciones juveniles realizan actividades de cosplay y derivados. La gran diferencia es, sin ninguna duda, la posibilidad de asistir a charlas sobre el mundo del cómic y la posibilidad de conseguir firmas y dibujos de los autores invitados.

En mi caso, conseguí un retrato y un autógrafo de Canizales (cuyos imanes adornan el flexo de mi cuarto), un ejemplar firmado de Cosas que pasan por si algún día Toni T. Morro se hace famoso y, la clara razón por la que aparecí por allí con cara de impaciencia: un par de firmas y dibujos de Raule (un autorretrato graciosísimo) y Roger, autores de Jazz Maynard.

Sin embargo, lo que más me gustó de la feria fue la charla/entrevista que Guillem March (autor mallorquín) les hizo.

Aunque se enfatizó la dificultad de ganarse la vida exclusivamente del cómic mostraron claramente la actitud que hay que tener para publicar algo bueno: ilusión, esfuerzo y ganas. Dan igual las inseguridades si se hace algo con lo que se disfruta, dan igual los pequeños roces y la imposibilidad de dedicarte exclusivamente a ello. Lo importante es hacerlo.

La verdad es que oírles dan ganas de probarlo.

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domingo, mayo 25, 2008

¿Qué te han hecho Indi?

No es que Indiana Jones y el reino de la máscara de cristal sea mala. Su problema radica en que los guionistas escribieron la historia bajo el efecto de sustancias estupefacientes. Por ello, la recién estrenada cuarta entrega de la saga, siempre permanecerá a la sombra de sus antecesoras.

Aunque la película es entretenida y sigue en gran parte con las características de la saga (siempre terminan igual), no he podido evitar sentir una gran decepción al verla. Meses y meses de promoción, años de preparación del film y este resultado. Una verdadera lástima.

Harrison Ford no es como Bruce Willis. Los años le han tratado peor y su carisma ha ido disminuyendo con el paso del tiempo. La gran consecuencia es que Indi ha pasado de ser el tío duro y carismático a un viejete duro sin carisma. Ha perdido ese "algo" en su forma de hablar, de mirar y de moverse que tantos corazones sedujo sin piedad alguna. Para paliar esta carencia los guionistan han decidido otorgarle la inmortalidad.

Porque las bombas nucleares, las radiaciones y las caídas de quilómetros ya no afectan a nuestro querido arqueólogo. Ha pasado de ser humano a ser divino.

Pero no, la fumada de los guionistas no acaba en esta dotación de resistencia sobrehumana. La calavera de cristal, los tarzanes por inspiración divina y las irracionalidades que presiden la película parecen ser efecto de una orgía de drogas: Una mezcla de la saga de Indiana Jones con Expediente X.

Sin lógica, sin sentido, perdiendo toda su magia.

Indiana Jones IV no existe.


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jueves, mayo 22, 2008

Quiero ser onironauta

Es curioso cómo lo que nos pasa en los sueños nos parece mucho más lógico que lo que nos pasa en la realidad.

Los hechos del día a día pueden parecer tan irreales, tan poco probables, que la incredulidad es nuestra única defensa ante todo lo que se nos presenta. Cuándo me pasa algo así de sorprendente tiendo a quedarme en blanco. Es cómo si saliera de mi cuerpo y lo viese todo en tercera persona, cómo una inocente espectadora que no sabe qué va a ocurrir en la función de la que disfruta. Tranquila y despreocupada porque la persona que se encuentra sobre el escenario no soy yo, tiendo a juzgar que el diálogo es irreal y la situación ilógica.

En cambio, en los sueños es todo diferente. Un día soñé que corría por Olmos (una calle de Palma) en pleno apocalipsis y los árboles que le dan el nombre eran limoneros. Alguien en el sueño gritó "¡Cuidado! ¡Son limoneros!" y los árboles comenzaron a estallar dejando tras de sí columnas de humo y fuego. En ese momento, que los limoneros explotaran sin razón alguna, era algo totalmente lógico y predecible. Como si pensar lo contrario hubiera sido una muestra de mi estupidez o inocencia.

Últimamente el tema de los sueños es algo recurrente. Desde que Jordi habló de la posibilidad de llegar a ser un onironauta y tener sueños lúcidos, he empezado a plantearme realizar los ejercicios de control onírico pertinentes. No sólo para saber que estoy soñando, sino para controlar lo que hago en las tierras de Morpheo y vivir también esas seis horas diarias en las que estoy en letargo.


Pd.: Me acabo de dar cuenta de que me parezco un poco a Elijah. xD
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martes, mayo 20, 2008

To be, or not to be

Si alguna vez me encontráis tirada por algún lugar inverosímil e increíblemente incómodo no os preocupéis, no hará falta la reanimación cardiopulmonar: estaré dormida.

Los días nublados precedidos por noches insomnes y llenas de pesadillas siempre suelen acabar en inconsciencia sobre alguna mesa, teclado o persona. Es una pauta inalterable, la necesidad es la necesidad. Sólo espero no despertarme nunca dentro de un ataúd a dos metros bajo tierra.

La muerte, en sí, da miedo. Admitamoslo, a nadie la hace gracia el hecho de dejar de existir. No es sólo un "uh... tres, dos, uno... Apaga y vámonos", es dejar de pensar, de sentir, de ser: es la nada absoluta. Sé que hace veintidós años no existía, pero (como es comprensible) el hecho de no ser hace que no guarde ningún recuerdo de la experiencia, no experiencia, o lo que sea.

Creer que Dios existe y es un plato de espaguetis cósmico no produce ningún atisbo de paz interior y, menos aún, pensar que es un ser "misericordioso" que te tira a un agujero de azufre y llamas eternas a la primera de cambio. Así que en el ateísmo lo único que nos queda es aceptarlo y esperar que no escueza demasiado. Es entonces cuando empezamos a temer no a la muerte, sino al hecho de morir.

Porque hay formas realmente desaconsejables para estirar la pata y, una de ellas, es despertar dentro de una caja de pino.

Sólo espero que llegue la wireless, quizá así me vuelva a enganchar a la mensajería instantánea.



Foto: Risas en vena
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domingo, mayo 18, 2008

A la antigua usanza

Hoy he ido a alquilar una película a la antigua usanza, en uno de esos videoclubs en los que te atienden otros seres humanos.

Me encantan los videoclubs no automatizados. Es abrir la puerta y entrar en uno de esos lugares en los que la curva espacio temporal está un poco abollada y las novedosas novedades son de hace tres o cuatro años, el orden es un concepto abstracto jamás conocido y se pueden encontrar películas de Serie B que no llegaron ni a las pantallas televisivas.

Los clientes perdidos entre el caos, los pornoadictos intentando aproximarse disimuladamente a la estantería X, el polvo acumulándose en la sección de cine español, los cartelitos rojos de "alquilado", los pósters de películas roídos... Ha sido como volver a la infancia, al día que alquilamos "El pueblo de los malditos" y compramos las suficientes chucherías para retorcernos de dolor una semana entera.

He buscado insatisfactoriamente Persepolis, Hijos de los hombres y 28 días después durante una hora. Cuando me he dado por vencida, me he dedicado a ojear las películas de terror y a reírme tanto de sus nombres, como de sus argumentos. La ganadora a más ridícula: Frankenfish, el pez caminante asesino.

¿Quién escribe estas películas? ¿Bajo el efecto de qué sustancias? ¿Está más enfermo aún el patrocinador para poner dinero para ello?

Al final he alquilado Zombies party por tres malditos euros. Un abuso teniendo en cuenta que por cinco puedo irme al cine a ver un estreno. ¿Y después dicen que los internautas robamos cuando nos descargamos una película? Si existiera la justicia divina el dependiente se habría carbonizado gracias a un certero y vengativo rayo.

Almenos reírse con los no-muertos acompañada por unas buenas palomitas harán de este día algo provechoso.



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Ausencias y hobbies

Tras dos días alejada de la blogocosa ya empezaba a tener síndrome de abstinencia. Me temblaban las manos, carecía de capacidad de concentración y mi raciocinio empezaba a autoconsumirme, como si éste fuera el fuego que prende una vela.

Este fin de semana ha sido un "demasiadas cosas que hacer en pocos días" que me ha mantenido alejada de mi ordenador, mi hogar y toda la paz y tranquilidad que encuentro en mi habitación. Quimera (mi maravilloso portátil que me dice que me ama cada noche) también ha permanecido callado y apagado durante este tiempo, ya que los dueños de las wireless de Palma suelen ser muy egoístas y las tienen cerradas.

Uno de los inusuales eventos que me ha mantenido alejada fue una quedada de dollfies. Algo que aquí, dados los pocos fanáticos del hobbie, es algo bastante infrecuente.

Las super dollfies son unas muñecas nacidas en Japón totalmente personalizables. Tener una conlleva no sólo maquillarla y prepararla para el público, también significa tener que luchar constantemente contra ataques consumistas. Normalmente acaban teniendo personalidad propia, historia y relaciones con otras super dollfie.

Después, muchos realizan sesiones fotográficas intentando transmitir todo aquello que se supone que tienen en su interior. Hay personas que obtienen resultados realmente impresionantes. Por ellas hay gente que se ha aficionado a la fotografía y fotógrafos que se han aficionado a ellas por la posibilidad de mezclar su dedicación con una afición.

Aunque el hobbie me encanta, intento permanecer un poco aislada de él a causa de mi escasez económica. Es duro ojear las páginas web sin sufrir por querer algo y estar muy alejado de tus posibilidades. Admitamos que a todos nos ha pasado con una cosa u otra.



Pd.: Son "Super dollfie", no "dollfie" (son cosas distintas). Lapsus mental corregido gracias a Faye (me pegó una paliza mortal por ello, pero la quiero igualmente).

"Es como llamar nones a todos los yogures"


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viernes, mayo 16, 2008

Aprendiendo a mentir

Ya es costumbre utilizar los "recreos universitarios" para jugar a diferentes juegos de cartas y pasar así las horas muertas de alguna clase y de entre clase y clase.

Primero fue el Jungle Speed, esa prueba de velocidad de reflejos que nos hizo perder más de un dedo y recibir algún que otro golpe de palo en la cabeza.

Después fue ¡Sí, Señor Oscuro!, un juego de inventar excusas para explicarle a un rey esqueleto el por qué no habíamos cumplido con sus órdenes.

Pasamos por el Munchkin, rol en cartas, para acabar viciadísimos a las Magic y apuntarnos a cada maldito torneo que se organizase en esta islita.

Hoy en día jugamos a los capitalistas y comunistas: un juego divertido que causa afonías y nos hace acusarnos unos a otros en búsqueda de los que tienen las cartas rojas (los comunistas).

El juego es simple y se puede jugar tantos como se desee.

Con una baraja de póquer se hacen dos grupos: los negros y los rojos. Los negros han de ser bastante superiores en número, la proporción ideal sería que para cada seis negros hubiera dos rojos dispuestos a crear la confusión y el caos.

Se reparten las cartas boca abajo y cada persona mira la suya. Los negros son de un equipo y los rojos de otro.

Todos se tapan los ojos y cuentan en alto hasta diez. Cuando se llega a cinco los rojos se destapan y se miran. Así los comunistas se pueden compinchar para que los capitalistas se vayan acusando entre ellos y así salir victoriosos. Lógicamente los capitalistas no saben quienes son sus compañeros, ni quienes son sus contrincantes.

Al contar diez todos se destapan los ojos y comienza el juego. El objetivo: descubrir a los comunistas antes de que se hayan eliminado a los suficientes capitalistas para estar igualados en número.

Para ello se van realizando las acusaciones. A cada acusación se realiza una votación, si hay mayoría la persona acusada destapa su carta: esa persona puede seguir hablando y acusando pero ya no puede votar.

Lo divertido de este juego es ver cómo miente la gente. Por ejemplo, Sir Andreu es tan buena persona que tiene una incapacidad natural para mentir. Las dos primeras partidas fue comunista y, al ver la carta, se ponía morado. Si le preguntabas de qué color era, su incapacidad para mentir le delataba al instante. Por desgracia, al cabo de un par de partidas aprendió a mentir como un bellaco. Pasó de una sonrisa nerviosa y un rostro rojo fuego a una sonrisita imperturbable y una cara de póker que confundió a todos los jugadores partida tras partida.

De algunos juegos de cartas se aprenden muchas cosas... aunque las lecciones no sean políticamente correctas.


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miércoles, mayo 14, 2008

Rica muerte

Cada familia tiene sus peculiaridades gastronómicas, una serie de alimentos que son el epicentro de su alimentación. Así podemos encontrar hogares en los que sus recetas se basan en una serie de alimentos más que en otros: los hay que se centran en los cárnicos, otros en las verduras, otros en los pescados, etc.

Nosotros, en función de la familia en la que crezcamos, desarrollaremos unos gustos u otros en función de los sabores a los que estemos acostumbrados o no (el gusto se aprende). De allí surgirán maravillosas frases como "mi madre cocina mejor que la tuya", "como en mi casa no hay lasaña ninguna", "¿se puede servir un plato de guisantes solos para comer?" o "como en casa no se come en ningún lugar".

Lo que está claro es que nuestros padres siempre cocinarán mejor que nuestros suegros, servir platos de guisantes a secas es un pecado y que es imposible encontrar en hogar ajeno ese universo de sabores que tanto nos aferra a nuestra infancia.

Por ejemplo, la comida de mis suegros no es como la de mi padre, pero no produce la fuerte acidez estomacal tan tradicional en mi hogar. Ese ardor tan característico que me hace adorar la vida de universitaria con alimentación deficiente y que me propongan ir a comer fuera de vez en cuando.

Mi padre, como buen mallorquín, tiene la habilidad de hacer totalmente indigesto cualquier alimento. Es la única persona que he conocido capaz de hacer que una perca al horno sea capaz de mantener a alguien en vela durante toda una noche; el único ser que ha conseguido que se me repitiera una ensalada hecha con lechuga, queso tierno y sucedáneo de cangrejo.

Todo un maestro en el arte de provocar muertes deliciosas.

Lo peor es que se ve que yo he heredado ese don genético. Cada vez que cocino debo reprimir los impulsos que me empujan a utilizar la pimienta, el ajo, el pimentón, la sobrasada y todas aquellas cosas que dan más sabor y ácido al alimento.

¿Moraleja? No os fiéis ni de una patata hervida.


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martes, mayo 13, 2008

Una donante más

Esta mañana me he encontrado con unos amables señores que recolectaban futuros órganos para el trasplante.

Puesto que hace dos años una persona muy próxima a mí me dio un susto de muerte y recibió un bonito órgano nuevo de segunda mano, no he dudado ni un instante y he rellenado los panfletos para hacerme oficialmente donante y recibir la característica tarjetita de "si me atropellan y muero de golpe dejo que me saquéis todo lo que yo ya no podré aprovechar". Porque si igualmente me voy a morir tarde o temprano... mejor que las sobras sirvan para algo.

Lo curioso es que, mientras rellenaba el papel con mis datos, los encargados parecían tan felices que no he podido evitar recordar una escena de El sentido de la vida de los Monty Pyton (gran película).




Asustada por mi recuerdo (y las imaginarias situaciones que conllevaba) me he planteado un par de cosas.

España es uno de los países con más donantes de órganos del mundo. Un dato realmente positivo y esperanzador si, por una causa u otra, necesitas algún que otro recambio de piezas.

En Estados Unidos, en cambio, el número de donantes es bajísimo.

¿A qué se debe esto?

El coste de un transplante en EEUU es enorme, una persona pobre jamás podría permitírselo. Necesitar un órgano nuevo conlleva endeudarse hasta niveles insospechados para, después, posiblemente no encontrar ninguno.

Esto hace que las personas que reciben órganos sean, en su gran mayoría, gente adinerada.

¿Donaría entonces?

Todas las vidas valen lo mismo. Ser pobre o rico tan sólo es un elemento contextual que no debería garantizar o negar tu supervivencia. Por eso mismo dudo sobre si lo haría: porque no sé si me haría gracia que a algo que ha surgido fruto de mi defunción y que podría salvarle la vida a otra persona se viera sometido a las leyes de la oferta y la demanda.

Sin embargo, tal y como he dicho: todas las vidas valen lo mismo. ¿Es culpable un niño rico de haber nacido en una situación más aventajada que otro y podérselo permitir? La culpa no es de las personas, pues todas prefieren sobrevivir, sino del sistema. ¿Se han de pagar vidas humanas por no estar de acuerdo con el sistema sanitario? ¿Es justo?

Supongo que aún así me haría donante. ¿Vosotros?


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domingo, mayo 11, 2008

¿Chiki Chiki?

El Chiki Chiki no me hace ninguna gracia, esa es la dura realidad. No me hace reír, ni sonreír, sólo me provoca rabia y odio.

Uno de mis principales problemas es que debo tener el sentido del humor retorcido, diferente al resto de la humanidad. Desde que tengo uso de conciencia siempre he tendido a reírme de aquello de lo que nadie se ríe y a permanecer impasible ante aquellas bromas que provocan hordas de fanáticos descontrolados.

Pongamos, por ejemplo, aquel programa televisivo llamado El Informal. Un programa de Tele 5 que, entre broma y broma, se ponían vídeos doblados por humoristas que pretendían la carcajada. Entre esos vídeos apareció mi gran enemigo: El poli risitas.





Este personaje estúpido y sin sentido provocó una tendencia escolar que me crispó los nervios hasta la cancelación del programa: la imitación masiva de dicha risa.

Nunca entendí cómo un chiste tan repetitivo y cansino podía causar tanto furor entre las personas de diez a veinte años, el por qué se reían mis compañeros de clase cuando el payaso del curso lo imitaba en mitad de alguna asignatura. ¿No se daban cuenta de lo absurdo que era?

El mismo efecto de rabia e impotencia me provocó la posterior imitación de Carmen de Mairena y otros personajes similares.

Ahora, por desgracia, le toca el turno al Chiki Chiki. Su selección para Eurovisión ha provocado una plaga enfermiza de versiones, anuncios e imitaciones que me desconcierta de sobremanera y me ataca los nervios. Lo que fue una canción graciosilla ha pasado a ser un coñazo que tengo hasta dentro de la sopa. ¿No nos cansamos ya de hacer las mismas bromas?


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sábado, mayo 10, 2008

Speed Racer

La adaptación cinematográfica de Meteoro es, sin duda, visualmente fantástica. Los hermanos Wachowsky demuestran de sobra su frikismo por crear una película que es anime sesentero con imagen real. No sólo por sus llamativos colores, sino por sus cambios de escena (tan típicos de la serie) y la utilización de recursos que sólo he llegado a ver en dibujos animados.

Sin embargo, haciendo gala de la falta de argumento de la serie televisiva, el film también peca de en una historia floja que acaba por hacerse pesada; las interpretaciones son "de comic" y los personajes de Spritle y Chim Chim merecen la muerte (admitamos que todos les odiamos en nuestra infancia).

Speed Racer es, en definitiva, una película para disfrutar visualmente sin tener muchas expectativas hacia el resto de la historia.

El detalle friki: En cierto momento salen estrellas ninja volando y, entre ellas, unas llaves que se clavan en la pared de al lado de Starky... El llavero de dichas llaves es Ryoga en transformación de cerdito, de Ranma 1/2. Me llamó la atención porque cuando era pequeña tenía el mismo llavero.

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viernes, mayo 09, 2008

Reina y señora por un día

Hoy, 9 de mayo, pasará a ser en la historia de mi biografía como el día en el que trabajé como dependienta de una tienda de comics y no leí ningún ejemplar. He pecado.

He abierto la tienda ilusionada, llena de buenas expectativas de venta y muerta de ganas de leer el tomo de Valentina de Guido Crepax, la saga de Civil War y un manga llamado Secretos del corazón (o algo parecido) que al ser tremendamente empalagoso y deprimente no quería comprar pero sí leer. Sin embargo, he recibido tantas visitas que me he pasado toda la mañana hablando y esperando sin demasiado éxito la entrada de algún cliente.

En la tienda he aprendido que cuando llueve los frikis se esconden en sus cuevas y se niegan a salir, que tan sólo los más valientes son capaces de enfrentarse a la lluvia para su dosis de lectura. En toda la mañana sólo he hecho siete ventas, cuatro de las cuales han sido a amigos que venían a visitarme y a comprarme algo por el simple hecho de que me hacía ilusión. Si no llega a ser por ellos abrir no habría sido nada productivo.

A parte, he utilizado por primera vez una máquina de tarjetas de crédito (con chuleta, eso sí) y he intentado aprender a sonreír con naturalidad sin ningún resultado satisfactorio. Se ve que cuando sonrío nerviosa y forzada pongo una cara rara que da miedo, algo realmente problemático si se desea vender algún producto.

Y este es el resumen de lo que fue una mañana laboral en el trabajo temporal de mis sueños: poco interesante, poco estimulante y perfecto para un viernes.

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jueves, mayo 08, 2008

No me hables...

Cada persona tiene una forma diferente de levantarse, de enfrentarse a un nuevo día.

Hay de los que se levantan con el pie derecho y de buen humor. Estos se despejan en seguida, se duchan, hacen la cama, desayunan y miran con buenos ojos esas primeras conversaciones matutinas al tomar el café.

Otros, sin embargo, se levantan, se tropiezan y se parten la crisma contra la mesita de noche. Al ducharse confunden el champú con el suavizante, olvidan poner agua en la cafetera y las charlas que mantienen en el desayuno son una serie de gruñidos que delatan una repentina necesidad de independencia.

Curiosamente pertenezco a ambos tipos de persona. Todo depende de cómo y cuánto he dormido.

Paradójicamente, si duermo mucho y bien me despierto de una mala leche que tira de espaldas. El hecho de ponerme en pie tras una noche tan maravillosa me cabrea de sobremanera. Por lo tanto, las conversaciones de mi madre son totalmente repudiadas, ignoradas. Necesito una dosis intravenosa de cafeína para ser algo parecido a una persona.

Espero que mañana no sea uno de esos días.

Al fin tengo las llaves del paraíso en mis manos, hoy dormiré abrazada a ellas soñando con un viernes prometedor como respuesta al pánico por meter la pata hasta el fondo.

Llevo desde los 18 añitos realizando trabajos esporádicos y debo admitir que nunca he estado tan nerviosa, ninguno había conseguido provocarme tal nudo estomacal. Un hecho totalmente comprensible teniendo en cuenta mis anteriores trabajos:
  • Promotora Código Mágico de Carrefour: El cara al público me pareció muy divertido y, aunque mi jefe era un tanto odioso, no lo veíamos casi nunca y éramos felices.
  • Promotora Movistar: Mi jefe, mis compañeros de trabajo y mi uniforme eran geniales. El "cara al público" me pareció aún más maravilloso cuando una mujer nos regaló helados por nuestra cara bonita.
  • Extra en The Covac Box: El trabajo más aburrido del mundo. No se podía hablar, lo único que hacíamos era caminar del punto A al B todo el rato. Todo un día para grabar dos escenas, fue horrible.
  • Correos (veranos del 2005, 2006 y 2007): Aquí aprendí que el cara al público puede ser una pesadilla, que algunos compañeros de trabajo merecen morir, que si eres eficiente los jefes te aman con locura y que pasarte un mes abandonada en el almacén de material porque el jefe se va de viaje no es divertido (a pesar de tener un edificio para mí sola acabé llorando a su vuelta por tensión acumulada).
  • Encuestadora para la previsión de escrutinio de unas elecciones: Aprendí muchísimo sobre cómo se calculan las predicciones que salen por la televisión el día de las elecciones, vi mi primer recuento de votos y le pregunté a unas 400 personas a quién habían votado soportando las correspondientes expresiones de odio.

No sé si estoy tan inquieta porque estoy a cargo de la tienda de un amigo y la idea de arruinarle me aterroriza, o si es por un arranque de ilusión friki. Lo importante es que lo haré lo mejor que pueda.



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martes, mayo 06, 2008

El trabajo perfecto

Uno de los sueños más estúpidos y macabros de cualquier aficionado a los cómics es trabajar en una tienda especializada en ellos. Estar dentro del sistema de "proveedores de lectura en viñeta", pasar las horas muertas leyendo tomos y tener tema de conversación seguro con todos los clientes.

¿Puede haber mejor clima de trabajo que en una tienda de comics? Me es imposible imaginar cualquier situación que no sea fantástica, maravillosa y llena de felicidad.

Por fortuna este viernes podré tachar ese sueño "friki" de mi lista de cosas por hacer. Envidiadme mortales, pues seré la dependienta del reformado Norma Comics "pequeño" (el que se trasladó y pasó a ser el grande) por un día.

Al fin me tendré que tragar los insultos que proferí llena de envidia cuando mis amigas trabajaron allí, el "no te mereces ser feliz ni tener amigos" que tanto le repetí a Vicky y, en general, todo el veneno que produjo mi lengua viperina cuando veía que todos cumplían mi sueño excepto yo.

Mi venganza ha llegado y no os haré descuentos.

Nunca he estado tan motivada para un trabajo.

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lunes, mayo 05, 2008

Operación "desbikini"

La llegada del buen tiempo hace que la mayoría de personas recuerde que el verano está a la vuelta de la esquina. Empieza así la época en la que todo el mundo se apunta a dietas y sesiones de ejercicio intensivas para disimular el hecho de que en estos meses de invierno la preocupación sobre la silueta se perdió entre jerseys, chaquetas y bufandas.

En mi caso, he empezado la operación "desbikini". Mi falta de ánimos hacen que recurra frecuentemente a mis antidepresivos más codiciados: el helado de avellana y, sobre todo, el granizado de almendra (con el sentimiento de culpabilidad que ello conlleva).

Porque, aunque todo puede ir mal, los granizados de almendra me hacen feliz. Mientras tomo uno me es imposible llorar o dejar de sonreír, como si fuera una niña pequeña. Supongo que es porque me congelan el cerebro y me impiden pensar y, sobre todo, recordar todas esas cosas que aplastan mi humor. Son los mejores anestesiantes anímicos jamás descubiertos por el hombre.

Y aunque me siento culpable por renunciar a estos últimos meses de "coquetería", en el fondo mando a la mierda todo aquel comecocos de culto al cuerpo que me han inyectado entre el lóbulo occipital y temporal. Porque creo que es más importante mi bienestar psicológico que engordar uno o dos kilos a base de frutos secos azucarados, picados y congelados.

Así que, aprovechando que todo el mundo me dice que debo engordar para volver a ser persona, gran parte de mi presupuesto se va en ese mágico brebaje de felicidad infinita.

¡Salve a los granizados de almendra!

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domingo, mayo 04, 2008

Iron man

Hasta ayer Ironman era uno de esos personajes del universo Marvel que no me inspiraban ni curiosidad, ni simpatía.

Tras la película sólo puedo decir una cosa: Iron man mola.

Está claro que mi cambio de opinión no se ha dado por las grandes dotes de interpretativas del actor protagonista (el hecho que en el 70% de la película fuera substituido por imágenes de ordenador les permitió contratar a alguien con el mismo registro facial que una piedra).

¿Por qué entonces ha cambiado mi visión sobre este superhéroe?
Para empezar, es difícil no resultar carismático con tal banda sonora a tus espaldas. Empezando por ACDC y terminando con Black Sabbath, el señor Stark es siempre acompañado por esas canciones que nos emocionan en los antros de perdición que frecuentamos por las noches.

Con ese hilo musical hasta Ramoncín tendría un club de fans incondicionales.

Aunque la música hace mucho, también hay que tener en cuenta un guión repleto de esas frases que, por muy malo que sea el actor que las interpreta, te dejan como un ser superior al resto. Te aproximan un poquito al modelo de Bruce Willis.

Finalmente, no hay que olvidar aquello que forma el centro de la película: el traje de Iron man. Eso sí que mola, es infinitamente mucho más bonito en 3D que en dibujo. Es brillante, pulido, liso (debe ser una superficie suave) y te permite hacer unas filigranas que muchos pilotos de caza soñarían con realizar.

Sé que la combinación de estas tres cosas no tiene por qué formar una gran película, pero la verdad es que vale la pena. Es la adaptación al cine de un cómic de Marvel que más me ha gustado.

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sábado, mayo 03, 2008

Regalitos de Japón

Ayer volvió mi súper cuñada de su largo y envidiable viaje al país del sol naciente. Cuarenta días en los que ha acumulado tal cantidad de merchandising que, al ver la mesa dónde habían colocado todas las figuras, se me ha cortado la respiración.

Sin embargo, lo que más me ha impresionado ha sido la comida "basura". Sobre todo una bebida energética de cola con chocolate y otra de colágeno (asquerosas pero sorprendentes), el Kit-Kat con sabor a té verde (cuando viaje allí me traeré un cargamento) y unos snacks de cangrejo picante rebozado bastante indigestos. Sabores jamás vistos en Europa.

A pesar de haberle cortado el pelo a su querido gato me ha traído bastantes cosillas, unas que le había pedido con ojos de cordero degollado y otras por voluntad propia:
  • Unas chapitas.
  • Unas pegatinas de Emily the strange*.
  • Un maravilloso bolso de Hangry&Angry.
  • El bolso más emo de Pesadilla antes de Navidad que pudo encontrar en Tokio.
  • Y, lo que más ilusión me hacía: los tuppers típicos de las fiestas bajo los cerezos, los palillos y una caja para guardarlos. Totalmente genial.
Jordi y yo hemos escuchado sus anéctotas con lágrimas en los ojos. Expectantes y envidiosos por su experiencia, porque también soñamos con viajar algún día a aquel lugar en el que la sociedad es tan extrañamente educada que no podemos evitar sorpendernos ante detalles triviales para ellos.

Siempre he querido viajar a Japón. No para dejarme llevar por un ataque consumista otaku de figuritas y merchandising, sino para ver de cerca aquel mundo tan ajeno a mi cultura y maravillarme con sus tradiciones, arquitectura (la moderna y la antigua), paisajes, gastronomía y todas aquellas pequeñas cosas que aquí nunca podré ni llegar a soñar ver.

Cuánto más diferente es un país al mío más ganas tengo de visitarlo. Supongo que su "singularidad", sus claras diferencias culturales respecto a otros países, son su reclamo turístico.

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