Aunque lo neguemos con todas nuestras fuerzas es cierto: el ser humano es retorcido.La prueba más clara de ello son los comentarios "inocentes" cuyo objeto son destruir el autoestima ajena. Pasamos de un "estos pantalones te hacen un culo del tamaño de Texas" a un "estás demasiado delgada" o "te has quedado plana" en fracción de segundos. Sin piedad ni miramientos. Muchos atacan el ego ajeno para subir el propio, para sentirse superiores y olvidar sus propios complejos. Algo triste, ruin y macabro que se ve todo los días.
Es por eso que la mayoría de veces hago oídos sordos. Al igual que yo no me subo la moral a costa de otros no permito que se suban el autoestima a costa de destruir la mía. Así de simple.
El problema es cuando el comentario es totalmente inocente y lo que pretende es completamente lo contrario. Cuando se pretende alabar a una persona y se mete la pata hasta el fondo.
Comentarios tan bonitos como "estás preciosa, la felicidad de estar embarazada se te nota" a quién crees que es una pre-mamá dejan de serlo cuando hace un par de semanas que ha dado a luz; al igual que un "se nota que estás enamorado porque irradias belleza y felicidad" es inapropiado para alguien que se acaba de enterar que porta unas astas dignas de trofeo.
Por eso, cuando en el Cómic Nostrum mantuve la siguiente conversación, no pude evitar que mi ego se volatilizase al instante.
- ¡Oh! ¿De quién vas?
- ¿De quién voy? ¿Cómo?
- Sí, tu cosplay. ¡Es genial! ¿De quién vas?
- ... De mí misma...
- ...
Los cosplay son disfraces de personajes que abarcan desde cómics hasta grupos de música, una tendencia bastante popular en algunos grupos de otakus.
El problema es que yo no iba disfrazada. Sí, quizá fuera demasiado elegante para ir a una feria de cómics, pero... ¿una no se puede intentar poner guapa para asuntos triviales sin que se piensen que va disfrazada?
¡Devolvedme mi autoestima insensibles!
.









