Me pregunto qué se debe sentir cuanto te dicen que tu cuerpo ya está caduco y que todo se acaba, que no hay solución, que tus ganas de luchar y vivir ya importan una mierda porque es demasiado tarde. El desamparo, la soledad, el miedo, la tristeza... un torbellino de sentimientos que de repente te debe dejar sin oxígeno. Te asfixias lentamente mientras tu estómago se contrae y desea escapar por tu boca. Y miras el calendario y cuentas las semanas, los días y quizá los minutos que te quedan. Sabes que ha llegado el momento de la despedida: es la hora de hacer todo aquello que
pospusiste pensando que la vida era eterna. Y te preguntas si te dará tiempo, si tendrás fuerzas, si podrás abrazar lo poco que te queda de existencia para hacer tantas cosas que no supiste o no quisiste hacer en su momento.
De repente el tiempo se hace pesado y deseas, por primera vez en mucho tiempo, que se alarguen los segundos, que cada uno sean diez, veinte, treinta... un minuto. Que se prolonguen hasta la eternidad. Pero lo aceptas. No porque quieras, si no porque es la única puta alternativa que te queda.
Sí, sería mucho más fácil si ellos no lo supieran. Posiblemente no entiendas por qué
habiéndote sido tan fácil aceptar la muerte les cueste tanto a ellos... sobre todo teniendo en cuenta que cuando tú no estés ellos seguirán aquí muchos años más. Es complicado, supongo que nuestro problema es que aún no vemos el final del camino y esta dosis de realidad nos viene demasiado grande. Ver la muerte tan lejana nos hace pensar que nunca la tendremos de frente y, el ver que viene hacia ti de forma inexorable nos parte el alma y nos es imposible comprender tu sosiego ante la idea, que digas que la ves como una
"bellísima mujer de blanco".
Me revienta que no la rechaces, que no la odies... me llena de rabia que digas que es bella. Mi impotencia me hace detestarla a la vez que la tuya te hace
endulcificarla con metáforas. E intento comprenderte porque sé que no te queda otra opción, que tenerle miedo tan sólo va a aumentar tu sufrimiento. No es nada fácil: yo nunca la he mirado a los ojos y la odio. La odio por los dos, por todo el mundo, la odio hasta tener náuseas. Es una
horrible zorra de blanco que te arrastra hacia un algo que no conocemos y que siempre nos ha provocado terror.