
Prosigamos con
la noche de San Sebastián.
Ya a salvo del fuego, las desquiciadas con parrillas al rojo vivo y las masas asfixiantes del gente,
llegamos a nuestro destino: un hindú muy bueno y barato cuyas mesas están tan próximas que la intimidad es imposible. Allí nos sentaron en una mesa que estaba separada por cinco centímetros de la de una pareja de mediana edad en momento de
acaramelamiento absoluto. Nos acomodamos ignorando la cara de odio visceral de la mujer e intentamos evadirnos de la conversación de nuestros vecinos hablando de nuestras cosas.
Cuando se va a un restaurante de estas características y desgraciadamente te toca sentarte tan cerca de otra mesa es probable que:
a) Mantengas un clima agradable con tus vecinos.
b) Tus vecinos resulten ser unos completos gilipollas.
c) Oigas cosas que no deberías oír y te traumatices.
d) No te enteres de la conversación de al lado.
Nuestra relación con esa pareja fue una extraña mezcla entre b y c.
Estaba comiendo el pan hindú con la mano cuando la mujer empezó a decir en voz alta,
claramente audible:
Me da asco la gente que come con las manos, aunque sea pan. Después están sucias y huelen mal, lo considero una guarrada. Cuando veo a una pija hacerlo tan sólo puedo pensar que es una cerda. [...] No, no soy una exagerada. Mi madre me educó así y estoy muy orgullosa de ello, porque no soy una puerca y sé comer como toca.
Y así siguió durante un buen rato a pesar de las súplicas de su novio, tirándose flores a mi costa y totalmente
consciente de que la estaba oyendo claramente (evidentemente estaba intentando fulminarla con la mirada).
Me quedé de piedra. No sólo porque existiera un universo alternativo en el que las personas comieran el pan con cuchillo y tenedor, si no porque la muy zorra (porque no tiene otra definición posible) tuviera el morro de insultarme de una manera tan vil y mezquina. Entiendo que su falta de
autoestima le obligase a intentar
destruir a las personas de su alrededor para magnificarse y sentirse menos mediocre, fea y patética, pero al menos podría hacerlo en voz baja. No sé, el resto de personas que conozco con este problema
conductual al menos tienen la decencia de ser medianamente discretas.
Si es que encima la muy pedorra ponía en entredicho mi educación
parital. ¿Pero qué se cree? Mis padres no me enseñaron el arte de comer pan con cubiertos sin parecer ridícula o una inadaptada social, pero sí algo de lo que ella carecía en su totalidad:
educación social (que no es lo mismo que hipocresía).
No paró hasta que le comenté a
Krysthel la situación y esta cogió el pan con una sonrisa y empezó a
manosearlo mientras lo mordisqueaba; comentamos lo mal que está insultar a la gente y sentencié que la educación está
infravalorada hoy en día.
Seguimos cenando felizmente hasta que
Krysthel se quedó blanca y me empezó a hacer unos gestos que venían a significar "cuernos". Que
FSM nos perdone, pero pusimos la oreja
intrigadísimas de lo que estaba pasando: hablaban de sus respectivos
cónyugues cogidos de la mano.
Fue mejor que los culebrones de la primera.
Pero cuando dejes a tu mujer yo seguiré siendo tu novia.
Dijo ella en tono de reproche haciendo que me atragantase de la impresión. No, si encima quería casarse con el otro el día después de firmar los papeles del divorcio.
Jamás entenderé cómo dos personas cuya relación ha surgido de la infidelidad pueden permanecer juntas sin temores, confiando el uno en el otro. ¿Acaso no se inició su relación de la traición hacia la persona que en su momento amaron? ¿Qué les garantiza que no les ocurrirá lo mismo? Dicen que
FSM los cría y ellos se juntan, pero eso no significa que no acaben sacándose los ojos.
Supongo que mi concepción se debe a que soy de las que prefieren dejar antes de
cornamentar.
Por desgracia terminamos de cenar y nos fuimos. Nos quedamos sin el final de la historia, sin el
preview del próximo episodio, sin ninguna pista sobre cómo acabaría todo...
Al menos ahora sé que hay universos paralelos en los que comen el pan con cubiertos.