
Hace ya un par de días que se marcharon Misaoshi y H@n y aún estoy agotada. Una visita breve, pero intensa, que no sólo me ha dejado buenos recuerdos, sino que también un par de kilos de más, un estómago ensanchado y un tobillo palpitante que rezuma dolor por todos sus poros.
Ahora me miro y me pregunto... ¿Qué hacer cuándo tu culo crece sin control? ¿Cuándo te ves obligada a caminar con las piernas arqueadas porque tu musculatura aún no se ha acostumbrado a ese novedoso bulto grasoso que forma parte de tus nalgas? ¡Oh, cruel destino! ¿Enviarás arponeros a acabar con mi sufrimiento?
Desvarío. Volvamos al principio.
Hasta el día 22 me pasé el día encerrada en casa estudiando, contando rosarios y fustigándome con fuerza por ser tan tremendamente cafre. Acabado el rezo, los exámenes y EL DESCANSO del día del examen (tarde que gastas en vegetar y no hacer absolutamente nada para gozar del placer de hacer el vago sin sentirte culpable), al día siguiente empezó la marcha.
Hacía un par de días H@n y yo habíamos hecho un pequeño trato. Ella llegaría vestida de conejo y nosotros la recibiríamos con pancartas. La misma mañana de su llegada me puse manos a la obra y armada con cartulinas fosforescentes, tochos y subrayadores me dediqué a escribir y dibujar chorradas henchida de emoción por cumplir nuestro pacto. Un par de horas después H@n llegó al aeropuerto, se vistió de coneja rosa y salió a la zona de recepción de llegadas descubriendo, desgraciaica mía, que llegábamos tarde y se iba a ver obligada a pasear por allí vestida de conejita de playboy satánica. Aterradora que estaba uoye, fue raro no encontrarla apalizada por ultracatólicos ni esposada por posible terrorista... Porque si llego a ser yo de la Guardia Civil del aeropuerto y me encuentro a un bichaco rosa de más de metro setenta con una máscara tan fea la coso a tiros del ataque de pánico que me pega... después, eso sí, le pediría disculpas por la confusión.
Afortunadamente H@n tan sólo se vio herida en su amor hacia nosotros y al llegar fuimos a buscarla con pancartas desplegadas.

Y no, no llegamos tarde por mi culpa: fue de Worm. ¿De quién has dicho? Sí, sí, de Worm, el que me riñe siempre por no ser puntual... me encanta regodearme. :D
A partir de entonces nos centramos en las visitas turísticas, los paseos, la excursión, la cerveza y, sobre todo, la comida. Cinco días preciosos en los que reímos, caminamos y caminamos, subimos motañas e ingerimos litros y litros de cerveza fresquita. ¡Un gozo!
Pd.: No iba a postear sobre estos días porque soy muy vaga, pero luego recordé lo mucho que me arrepentí de no haber posteado la visita de Liet y decidí hacer de tripas corazón y escribir algo.
Pd2: El título es en honor al pie que me torcí un par de días antes de que vinieran y que, a pesar de que H@n me dijera como curarme, la falta de reposo ha hecho de él una pequeña y constante tortura.
Y con esto y un bizcocho...
Ahora me miro y me pregunto... ¿Qué hacer cuándo tu culo crece sin control? ¿Cuándo te ves obligada a caminar con las piernas arqueadas porque tu musculatura aún no se ha acostumbrado a ese novedoso bulto grasoso que forma parte de tus nalgas? ¡Oh, cruel destino! ¿Enviarás arponeros a acabar con mi sufrimiento?
Desvarío. Volvamos al principio.
Hasta el día 22 me pasé el día encerrada en casa estudiando, contando rosarios y fustigándome con fuerza por ser tan tremendamente cafre. Acabado el rezo, los exámenes y EL DESCANSO del día del examen (tarde que gastas en vegetar y no hacer absolutamente nada para gozar del placer de hacer el vago sin sentirte culpable), al día siguiente empezó la marcha.
Hacía un par de días H@n y yo habíamos hecho un pequeño trato. Ella llegaría vestida de conejo y nosotros la recibiríamos con pancartas. La misma mañana de su llegada me puse manos a la obra y armada con cartulinas fosforescentes, tochos y subrayadores me dediqué a escribir y dibujar chorradas henchida de emoción por cumplir nuestro pacto. Un par de horas después H@n llegó al aeropuerto, se vistió de coneja rosa y salió a la zona de recepción de llegadas descubriendo, desgraciaica mía, que llegábamos tarde y se iba a ver obligada a pasear por allí vestida de conejita de playboy satánica. Aterradora que estaba uoye, fue raro no encontrarla apalizada por ultracatólicos ni esposada por posible terrorista... Porque si llego a ser yo de la Guardia Civil del aeropuerto y me encuentro a un bichaco rosa de más de metro setenta con una máscara tan fea la coso a tiros del ataque de pánico que me pega... después, eso sí, le pediría disculpas por la confusión.
Afortunadamente H@n tan sólo se vio herida en su amor hacia nosotros y al llegar fuimos a buscarla con pancartas desplegadas.

Y no, no llegamos tarde por mi culpa: fue de Worm. ¿De quién has dicho? Sí, sí, de Worm, el que me riñe siempre por no ser puntual... me encanta regodearme. :D
A partir de entonces nos centramos en las visitas turísticas, los paseos, la excursión, la cerveza y, sobre todo, la comida. Cinco días preciosos en los que reímos, caminamos y caminamos, subimos motañas e ingerimos litros y litros de cerveza fresquita. ¡Un gozo!
Pd.: No iba a postear sobre estos días porque soy muy vaga, pero luego recordé lo mucho que me arrepentí de no haber posteado la visita de Liet y decidí hacer de tripas corazón y escribir algo.
Pd2: El título es en honor al pie que me torcí un par de días antes de que vinieran y que, a pesar de que H@n me dijera como curarme, la falta de reposo ha hecho de él una pequeña y constante tortura.
Y con esto y un bizcocho...