sábado, junio 25, 2011

¡Y llegó el verano!

Hace tanto tiempo que no escribo por aquí que casi olvido completamente como se hacía. Han sido unos meses duros en los que las obligaciones como estudiante me han apartado del mundo social totalmente. Insomnio, nervios, cuatro úlceras de estómago y ya me encuentro un poquito más cerca de sacarme la brutalidad de créditos que me había propuesto este curso... para no tener que hacer apenas nada el que viene. Así, a pelo y sin vaselina, como una hembra hecha y derecha. Si me hubiera tomado tan en serio la carrera desde el principio ya sería dictadora del mundo y estaríais sometidos a mi voluntad. Imaginad los horrores que os hubiera deparado tal destino.

Una vez acabados los exámenes decidí seguir con la tradición habitual: tocarme los pendulantes hasta perder la cordura. Vaguear hasta el infinito, hasta agotarme, hasta que el hastío de no hacer nada productivo con mi existencia me hiciera enloquecer. He disfrutado como una enana, he gozado del aburrimiento en su estado más puro y genuino. Lo he olfateado, saboreado y sentido como se apoderaba lentamente de cada una de mis células consumiéndome como una cerilla: un placer que ha rozado el erotismo.

Ahora, totalmente purificada, debo renacer de mis despojos para retomar de nuevo mi vida: encontrar un trabajo, ahorrar para alcanzar la independencia lo antes posible, preparar las asignaturas que al final decidí dejar para septiembre y, sobre todo, disfrutar del verano que me ofrece vivir en una pequeña isla: sol, playa y buen rollito.


Pd.: Esta foto la tomé en invierno, así que imaginad el Parque del Mar sin nubes, un sol infernal, un par de cadáveres por golpe de calor tirados por el suelo y gaviotas devorando sus ojos. Perdón por las molestias. :)