miércoles, septiembre 21, 2011

¿Por qué te haces eso?

Me gustan los tatuajes. Dudo mucho que algún día llegase a hacerme uno, pero admito que me encantan. Desde que mi padre quiere comprarse una Harley para irse de paseo con sus amigos moteros-tatuados (sí, tengo un padre así de guay) le insisto continuamente en que se haga uno de mi madre vestida de marinerita en pose pin-up. Sería genial, sólo de pensarlo me emociono. 

Llevo bastante tiempo siguiendo a Fuck Yeah, Tattoos!, una página en el que la gente sube sus tatuajes y comentan por qué se los hicieron. No he podido evitar enamorarme de muchos de ellos, hasta dudar si hacerme uno... mi favorito, sin duda, el de una chica que se tatuó esta imagen de El Principito:


No puedo evitarlo, me encanta.

Sin embargo, también he visto muchas cosas horribles, desagradables o, simplemente, absurdas. Llevo bastante tiempo recolectando los que más me han impactado para enseñarlos y explicar un par de cosas que creo que son esenciales a la hora de hacerte uno.

Allá vamos.

1.- Hazme un favor y mira primero quién te va a hacer el tatuaje

Ten la puta decencia de informarte primero sobre los tatuadores. Mira su trabajo, infórmate sobre su calidad, mira su web... no vayas a ciegas. Una vez escogido el idóneo, si ves que está drogado, borracho o tiene una parálisis cerebral que le impide utilizar con precisión la mano, lo mejor es que vayas a otro lugar.

Corres el riesgo de que te pase esto:





Me voy a tatuar la cara de alguien y salgo con una caricatura del hombre-elefante y vuelvo al día siguiente con una recortada. Con eso lo digo todo.

2.- ¿Puedes pensarte más de dos minutos qué te vas a tatuar? ¿Puedes plantearte si te avergonzará de por vida o no? Gracias.

Vale, cada uno tiene sus gustos y no tienen por qué coincidir con los míos, lo respeto. El problema lo tengo cuando no entiendo en qué coño pensaban cuando se hicieron eso. 

 

Criatura... ¿qué clase de trauma infantil te ha llevado a cometer tal atrocidad? ¿Intentabas ser rebelde y original? ¿Es algún tipo de crítica social que no comprendo? ¿LSD?

No, no puedo entenderlo.


El unicornio-gay-nazi, el tatuaje más troll del universo. Admito que tiene su mérito, ha logrado crear algo que logra ofender a toda la población independientemente de su raza, origen social o grupo urbano. Ofende a gente normal y a skinheads, a heterosexuales y homosexuales y a todas las personas en general. Este chico, al hacer un calvo, logra que todos los seres humanos de su alrededor olviden sus prejuicios hacia los otros y se unan en un fin común: partirle la cara al gilipollas. 

Le daría un pin.

3.- Piensa si con tu tatuaje vas a incomodar a las personas de tu alrededor.

Está bien reírse y aprender a superar las cosas malas que nos han pasado, pero al hacerlo de según que cosas podemos poner a la gente de nuestro alrededor en una situación complicada. Como no sé cómo explicarlo exactamente, os pondré las fotos primero (con sus respectivas historias):


Este chico fue atacado por un tiburón, el cual se comió su brazo... Aprovechó la forma del muñón y se tatuó uno. No recuerdo de dónde saqué la historia, así que no puedo garantizar su autenticidad. 


Otro que aprovechó la forma de su muñón para tatuarse, la diferencia está en que este no tuvo ningún problema con un delfín. Subió su foto a Fuck Yeah, Tatoos! explicando que perdió el brazo en la Guerra de Irak y como le daba miedo a los niños se hizo esto. Ahora a quien le da cosilla es a mí. 


Vale, sí, este sí que tiene gracia. No lo neguéis.

La razón de mi incomodidad se encuentra en que cuando era pequeña mis padres me enseñaron a collejas que no debía mirar directamente los muñones y deformidades de otras personas. Capón a capón comprendí que con sólo mis ojos podía ofender o hacer sentir incómodas a otras personas. 

Bien, ¿y ahora qué? Si me encuentro con una persona así, ¿qué debo hacer? ¿Quieren que mire? ¿No? ¿Si no miro se sentirán ofendidos porque se han tatuado para que la gente mire sus amputaciones sin sentir lástima y al no mirar sentirán que siento lástima? ¡¿Qué coño quieren de mí?!

miércoles, septiembre 14, 2011

Personas y bibliotecas

Ahora mismo mi cuarto es un caos de apuntes. Tochacos de hojas sobre el escritorio, la mesita de noche, la cama y hojas arrugadas por doquier decoran mi habitación. He de admitir que cuando estudio en casa soy terriblemente desordenada, una de las razones por las que me gusta ir a estudiar a la biblioteca.

En las bibliotecas mis hábitos de estudio cambian radicalmente y paso a organizar mis apuntes de la forma más eficaz y eficiente posible. La razón es que, tras tantas tardes gastadas allí, he llegado a la conclusión de que el espacio que ocupas es proporcional a tu grado de gilipollez. Es decir, cuanto más te esparces, más rematadamente gilipollas eres. He llegado a ver casos en los que me ha extrañado de que la persona no estuviera muerta cerebralmente.
No mola nada estar estudiando y al cambiar de hoja descubrir que estás repasando física cuántica porque un babeante subnormal ha decidido que el espacio que ocupan tus apuntes es perfecto para colocar los suyos. 

A lo largo de estos años he podido desarrollar una teoría sobre la subnormalidad humana en bibliotecas. Estos espacios son perfectos para detectar gente susceptible a ser sacrificada en pro del desarrollo humano y de nuestras sociedades. Si es que los muy desgraciados se esfuerzan para que les odie con toda mi alma y fuerza... es como un concurso de a ver quién me toca más repetidamente y con más pasión los ovarios. Es para darles a todos una piruleta.

La gente parece no entender que una biblioteca es, en primer lugar, una biblioteca; en segundo, una biblioteca y, en tercero, una puta biblioteca. Me aterroriza que la población sea incapaz de comprender un concepto que es tan asquerosamente simple que hasta raya el absurdo. Ir a ella para hacer cualquier cosa para la cual ese lugar no haya sido pensado carece totalmente de sentido. Ir allí para hablar con tus amigos de tu último rollete, a flirtear, a estar enganchado al móvil la totalidad del tiempo (al menos estos no molestan y sólo ocupan espacio) o masturbarte compulsivamente es exageradamente irritante para las personas -y no babuinos como vosotros- que están intentando hacer cualquier cosa productiva con sus desgraciadas vidas.

Mi experiencia bibliotecaria de este verano no sólo ha hecho que me salieran arrugas en la frente de fruncir el ceño, no. Para empezar, he desarrollado un odio visceral e irracional hacia las Blackberry, un móvil que me encantaba pero que ahora estoy por pedir en el amago de portabilidad sólo para tirarlo al váter y cagarme repetidamente en él; tengo pesadillas con pijos malvados; me he quedado bizca de tanto lanzar miradas de ultra-odio y, lo que más me preocupa, he desarrollado una imaginación tan horriblemente violenta que me da hasta escalofríos. Sin ir más lejos, ayer me imaginé golpeando a un chico repetidamente con los apuntes hasta chafarle el cráneo y metérselos dentro... para que luego digan que el conocimiento no ocupa lugar.

Siento este post violento y visceral, necesitaba desahogarme. Demasiado estrés acumulado.