Mademoiselle Why Artwork

jueves, febrero 18, 2010

Asco de gente

Hace unos tres o cuatro años un hedor indescriptible se extendió a lo largo y ancho de mi calle. Durante dos o tres semanas los vecinos maldecimos sin parar las tuberías estropeadas y la vaguez de Emaya. Lo que ninguno de nosotros sabía es que aquel suculento aroma era, en realidad, los gases de descomposición de una pobre anciana de unos 90 años disfrutando del calor de agosto. Desde aquella maravillosa experiencia olfativa llegué a una interesante y ferviente convicción: los vecinos... mucho mejor si están vivos.

La casa quedó así vacía, a la espera de que los dueños se decidieran a vender la parcela, habitarla o alquilarla durante unos dos años. Al tercero empezaron a venir los okupas.

Cuando hablamos de okupas seguramente os imaginéis a jóvenes emprendedores que se quejan del precio de la vivienda. No, amigos míos, ese es tan sólo el tipo de okupa que se deja ver (y sólo una de las cuatro veces han sido de este tipo). La mayoría de las personas que acaban viviendo en casas abandonadas sin luz, agua y electricidad no son chavalines con la cabeza llena de ideales y espíritu de lucha social. No, hijos míos, hay un porcentaje mucho más alto de personas a las que la vida les ha pegado una patada en el culo y se ha cagado sobre cualquier tipo de esperanza e ilusión. Aquella gente a la que la vida le ha dado de ostias y se ha quedado sin nada: unos casi sin darse cuenta, sin saber cómo han acabado sepultados por media tonelada de detritos y otros arrastrados por las drogas y el alcohol.

Aunque parezca mentira nuestros vecinos ilegales siempre han sido muy respetuosos. No sé si ha sido cuestión de suerte, que esta pobre gente ya está bastante cansada de mediar con problemas y prefieren ser lo más discretos posible o que en ninguna ocasión nos ha tocado alguien con algún tipo de adicción (ya que el mono puede provocar conductas violentas). La cuestión es que, al contrario que muchos vecinos que he tenido en mi vida, jamás han causado ningún tipo de problema.

Hoy, por desgracia, ha habido un incendio en el edificio y ha muerto el indigente que lo habitaba desde hace unos cuantos meses. Un hombre que intentaba ser lo más discreto posible para que ningún vecino le delatase y que intercambiaba saludos con los que ya le habíamos descubierto. No sé qué es lo que ha pasado exactamente, pero me han dado un poco de rabia los comentarios de los curiosos... No sé, ¿acaso les molestaba este pobre hombre? ¡Si la mayoría no se había enterado de que había alguien viviendo allí!

Vale, sí, que se debió quedar dormido con un cigarrillo en la mano o intentó hacer un brasero para intentar aguantar el frío... Pero, joder, esto pasa cientos de veces al año y todos nos compadecemos por las muertes de esta forma. ¿Por qué con él no? ¿Porque era un indigente? Que ascazo me da la gente.

La gota que ha colmado el vaso han sido los chistes de los periodistas. Me parece alucinante que, mientras observas cómo se llevan el cuerpo de una persona en una bolsa, digas "tenemos un muerto y aún está caliente" y acto seguido te descojones con tus compañeros de trabajo. Sí, la broma tiene su chispa, pero se ha de ser un bastardo hijo de hiena, cuernudo, desgraciado y jodido cabrón para reírte de la muerte de una persona delante de su propio cadáver. Para seres así: aborto hasta los 40 años.

Que sí, que el difunto no te va a oír, pero esfuérzate y se un poquito políticamente correcto no sea que algún día algún familiar coja y te parta los dientes de dos bofetadas.

Foto de Libertad Balear

viernes, febrero 12, 2010

Hasta aquí

Estoy hasta aquí:


Estoy hasta mis santos y divinos ovarios de que me dejen mensajes de spam como comentarios del blog. Me cansa tener que ir cada dos por tres a posts de hace dos eones para borrar gilipolleces en inglés. Lo único bueno es que me ha inspirado a dibujar esta tontería.

Así que, amigos míos, muy a mi pesar me veo obligada a poner un maravilloso filtro.

martes, febrero 09, 2010

Este año... San Valentín con combo

San Valentín es la fiesta que más papeletas tiene para ganar el premio a la más hortera.

Que sí, que a algunas nos hace ilusión que nuestros enamorados tengan un pequeño detalle y nos "sorprendan" con una cena, flores y una noche de sexo desenfrenado. Sí, somos ñoñas y cursis, pero tampoco nos merecemos cosas como esta:



Nadie puede negar que durante las semanas que preceden al 14 de febrero las tiendas se ven abarrotadas de productos escalofriantes. Posibles presentes que de tan sólo mirarlos pueden producir ataques de hipoglucemia. Cosas rosas repletas de corazoncitos que pretenden minar tu relación sentimental porque, al recibirlas, no sabes si tirarlas directamente a la basura, pedir el tícket regalo. dejar a tu chico o tragarte tu buen gusto y colocarlas en un lugar bien visible del salón (para la humillación familiar en pareja). Las opciones son herir sus sentimientos o arriesgarte a quedarte ciega porque tus ojos han decidido no tolerar tal afrenta hacia la estética.

Pero no, no bastaba la esencia misma de este día. El cúlmen de San Valentín ha llegado este desafortunado 2010. No sé cómo será en el resto de España, pero en Mallorca cae el mismo día del desfile de Carnaval. Estoy aterrorizada: ¿Se avecina una plaga de hombres semi-desnudos correteando por las calles de Palma? ¿De angelitos peludos de rizos dorados, pañal y flechas con forma de corazón? Por favor... ¿Tengo que arrancarme los ojos? ¿No nos salvará nadie de tal horror? Rezo para que Cupido exista, cambie arco por recortada y fulmine a todo impostor.

lunes, febrero 08, 2010

Amiguitos y amiguitas: Soy tía


Envidiadme chavales, desde ayer soy tía de esta preciosidad. De esta angelica divina y maravillosa que me enamoró desde el primer vistazo.

Estoy orgullosísima de mis cuñados por hacer una bichica tan preciosa, tan sana y tan graciosa. Sólo se me ocurren palabras dulces y empalagosas para describirla, sí. Es lo que pasa cuando estás perdidamente enamorada... y así está toda su familia.

Esta tarde he terminado los baberos que tenía para ella y los he lavado a mano. Espero que mañana estén sequitos y suaves para dárselos a la nueva mamá.

Todo esto me está matando de amor... No sé, creo que es la escena más dulce que he vivido en toda mi vida. Los ojos de la madre estaban tan repletos de amor que... uff... me estoy deshidratando de la cantidad de babas que suelto al recordarlo.

Lo único malo... el instinto maternal se me sale por las orejas.

Un besito a todos. ^^

miércoles, febrero 03, 2010

Haces ¡chas! y tengo uno a mi lado

Mis hadas favoritas no son ni las hadas madrinas ni las hadas de los dientes. No. Mis grandes predilectas son las hadas de los aparcamientos. Esas hermosas mujercillas con alas de libélula que con un meneo de su varita me dan un enorme y maravilloso aparcamiento que ocupar.

Está claro que, con semejante poder (que además de moderno es práctico), las chuminadas que te pueda proporcionar cualquier otro ser mágico son inútiles. ¿Acaso debería escoger a las otras? ¿Tener que perder un diente por cada dos eurillos cuando adoro mi dentadura? ¿Ir con un vestido princesil y una carroza de calabaza a una fiesta cuando me va más enseñar las piernas e ir en taxi? Sería absurdo renunciar a mi diminuta proveedora de párking, sobre todo viviendo en mi zona.

Mi barrio es como un pequeño infierno. No, no hay columnas de fuego ni azufre por doquier, simplemente te puedes volver tonto si buscas aparcamiento. Empiezas a dar vueltas y ves pasar el tiempo a través de las ventanillas preguntándote si mañana tendrás suerte y podrás aparcar, subir a casa y echar una siesta. ¿Por qué? Pues mira, así como en la Tierra Media están los Dominios de Mordor, en Palma están los Dominios de la ORA... y yo vivo muy cerca de uno de esos territorios hostiles. ¿Ventajas? Que aunque aquí no podamos aparcar afortunadamente no tenemos un enorme ojo en llamas observándonos, ni orcos como gorritas.

Pues bien, mi caso es distinto: tengo hada de los aparcamientos. Eso quiere decir que, cuando llego tras un duro día de tortura estudiantil, encuentro aparcamiento rapidísimo. Ni tres minutos me paso buscando, da igual el día, la hora y la alineación de los astros. Mi gran amiga sonríe, prepara su varita y... ¡Felicidad!

Otra cosa es que haya días en que me olvide de cómo se aparca, pero eso ya es otra historia.