Cuando era pequeña si recibías en el cole la tortura terminaba a las cinco de la tarde, con el autobús de vuelta a casa. Si eras víctima de bullying los insultos, vejaciones, golpes y desprecios quedaban atrás, en clase y en los patios, y tenías por lo menos toda una tarde de descanso mental, alejado de aquellos niños que, conscientes o inconscientes del daño real que podían hacer, se entretenían haciendo sufrir a otros. Tenías que volver al Infierno al día siguiente, pero disfrutabas de un espacio diario en el que sentirte seguro y en el que reponer fuerzas.
Hoy en día la situación ha cambiado totalmente. A pesar de todo lo bueno que nos ha brindado Internet y las redes sociales, la expansión de la interconnexión personal también ha traído tras de sí las perversiones de la sociedad. Supongo que todos os habréis dado cuenta de que la red no es todo buen rollo y felicidad, sino que también está plagado de haters, trolls y personas que la utilizan para hacer daño a otros por mero divertimiento, psicopatía o un rencor inconsciente derivado de una fuerte insatisfacción por el tamaño de sus genitales.

La cuestión es que ahora
el bullying no sólo se da en el ámbito escolar, sino que es una práctica habitual en Internet gracias a las nuevas tecnologías y a la
falta de control parental e información sobre buenas prácticas, precauciones a tomar y cosas que no se deben hacer jamás. Hoy en día, las víctimas de bullying no tienen descanso tras las puertas de sus casas ya que en Internet continúa el escarnio social del que son víctimas y, admitámoslo,
hoy en día es muy difícil no estar conectado.
Si de por si este hecho es preocupante, es terrorífico pensar en el cauce que últimamente está tomando este asunto. Hace unas semanas se filtró en la red un vídeo de contenido sexual entre menores, convirtiéndose en trending topic nacional en twitter y provocando una fuerte oleada de personas que no sólo se mofaban del asunto, sino que insultaban ferozmente a la protagonista del mismo. No contentos con ello, y conscientes de que la distribución del vídeo constituye un delito de pornografía infantil, fue subido a infinitud de servidores y ofrecido una y otra vez a aquellas personas que no habían podido acceder al mismo para ser partícipes del circo que se había montado. ¿Su justificación? "Ella se lo ha buscado", "se lo merece por haberse dejado grabar", "esto le pasa por guarra"... de tal forma que se le atribuyó la culpa de la agresión a la persona a la que se estaba agrediendo, una distorsión cognitiva muy frecuente en aquellas personas que actúan de forma deplorable y nociva hacia otros para liberarse de la responsabilidad moral, del peso que tendrían que tener sobre sus conciencias, por llevar a cabo conductas tan repulsivas. Sí, la chica no ha hecho daño a absolutamente nadie, pero "se merece" ser destripada no sólo en su entorno social directo, también por miles de personas que no saben absolutamente nada de ella. ¿Su gran delito? Llevar a cabo una conducta sexual en público y ser grabada. Como si aquí nadie hubiera retozado en el campo en la vida, todos tan castizos y puros. Para rematar el asunto, lo más perturbador fue que cuando se extendió el rumor de que la chica se había suicidado la gente seguía afirmando que se merecía todo lo que le había pasado. Totalmente repulsivo.
Nos encontramos entonces ante un caso en el que el maltrato psicológico ya no se limita a los conocidos, a los escolares, con los que el menor ha de enfrentarse cada día, no, se extiende más allá de su colegio, barrio y ciudad: llega al nivel nacional. El sujeto no es juzgado por su entorno más inmediato, sino por todo el país. Francamente demoledor.

En mi caso debo ser rara, porque ante una multitud escandalizada por la conducta sexual de unos adolescentes, lo que me impactó fue todo el cuadro que se montó alrededor, cómo todo un ejército de personas "maduras" actuaban de una forma que a mi juicio es deplorable.
¿Qué pude observar? Por una parte, una
creencia general de superioridad moral por parte de la gente que se vio con el derecho de ser jueces y verdugos a la vez que, paradójicamente, contribuían al maltrato psicológico de una persona, a la distribución de pornografía infantil, a dar eco al suceso para que otras personas fueran partícipes... Se criticaba a la juventud, a la sociedad, por la conducta sexual de unos menores y en ningún momento se planteó que la reacción en la red es lo que muestra realmente que nuestra sociedad está verdaderamente podrida.
Por otra parte, la triste realidad de que sigue habiendo una diferencia en la libertad sexual entre mujeres y hombres. La chica es criticada, llamada de todo, y el chico pasa totalmente desapercibido. La conducta sexual es la misma,
el juicio social por género no.
Finalmente,
distorsiones cognitivas, la atribución de la responsabilidad del ataque social a la menor:
"se merece lo que le ha pasado". El que grabó el vídeo sin su consentimiento y el que lo subió a Internet pasan desapercibidos hasta que la policía anuncia que se va a proceder a su detención e interrogatorio. Luego se considera que lo que hicieron no es tan grave para que se emprendan medidas legales contra ellos...
no, sólo le han jodido la vida a una chica.
Ninguna persona se merece esto. Ninguna.
Así que, dejando a un lado la carencia de educación sexual y del uso de las redes en los más jóvenes, me pregunto: ¿Cómo pretendemos erradicar el bullying, educar desde el respeto y la empatía para evitar abusos y acosos de este tipo, si cuando se dan los apoyamos de esta forma?
Y para rematar el post, el vídeo de Amanda Todd, la chica que se suicidó a los 15 años a causa del ciber-bullying.