domingo, octubre 16, 2005

Contemplaba la ciudad tras los cristales de la ventana de su cuarto, miraba a aquellos seres que se relacionaban bajo su edificio como si animales selváticos se trataran; no les oía hablar, emitir sonidos inteligibles para una mente humana, tan solo podía descifrar gemidos y rugidos propios de la más primitiva selva. Simios, simios y más simios.
Simios paseando; simios con la compra; simios paseando perros; simios viejos de caminar lento y quebradizo; simios cubriéndose de la lluvia con paraguas...

¡Qué fácil era para ella contemplar un mundo totalmente ajeno a ella!
¡Qué simple era ver como se pudría su alrededor cuando aquellos que se evaporaban eran tan solo simios!
Monos irracionales cuyo único objetivo era comer, dormir, trabajar y mantener relaciones superficiales que, a veces, mutaban en otras de vaga profundidad que acababan siendo tan solo una cadena hacia otro simio de condiciones similares.

Sin embargo, a veces (aunque muy raramente), estos simios empezaban a parecer personas y, para evitar compararse con ellos, cogía otro papelillo, el tabaco y un poquito de polen que en unos instantes se fusionaban en un generoso canutillo encendido entre sus carnosos labios. Dos caladas más y los “semi-humanos” volverían a ser en su totalidad simios. Y vivía así, observando la realidad a través del filtro de unos ojos rojizos y vidriosos ahogados por el denso humo de sus porrillos.

¡Qué hipócrita criticar la podredumbre del mundo cuando ella se pudría igual!
¡Qué fácil es distorsionar el mundo hasta no sentir nada hacia el! Hasta sentirse totalmente alieno a la gente que lo habita.

… Quizás algún día… quizás algún día Alicia despierte de su sueño.

2 comentarios:

Emily Santiago dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Darius Growler dijo...

Se te ve muy optimista ante la degenerada raza humana, si si