Nunca me han gustado los westerns, supongo que les cogí manía cuando mi abuelo me hizo coger un buen empacho del género spaguetti a una edad demasiado tierna. O quizá sea porque realmente nunca vi una película de este género en condiciones, no lo sé. Lo importante es que a pesar de mi reticencia hacia este tipo de películas Appaloosa me encantó: me lo pasé genial con esos vaqueros rudos, duros y de pocas pero contundentes palabras.A Ed Harris le pega totalmente el papel de vaquero, su rostro fue concebido para miradas frías cargadas de tensión, perfecto para frases de macho del oeste repletas de una fingida calma sobrenaturalmente cargada de amenaza. Si a eso se le añade que él ha sido el director... pues era de suponer que el papel le fuera como un guante de látex: se le adhería perfectamente.
Sin embargo, aunque disfruté muchísimo con el sr. Harris, no se puede comparar a la emoción que sentí con cada una de las miradas de Viggo Mortensen (actor que crucifiqué por Alatriste). Sus ojos decían todo lo que él no articulaba, su complicidad, su fuerza... Pocas veces transmiten tanto dos glóbulos oculares.
Si a sus ojos le sumamos su forma de apretar la mandíbula y la aparición de dos hoyuelos repletos de carisma nos encontramos con un personaje con el que disfrutar al máximo y al que gritar en cada primer plano: ¡Molas un montón Everett!
Renée Zellweger también cruje en la interpretación a pesar de ser una "guapa fea" (como la chica de Batman): está realmente increíble.
Pero no tan sólo los personajes e interpretaciones son geniales, si no que la historia en general huye de la soporifidad de los westerns, aumenta ligeramente el típico ritmo de película del oeste y se convierte en un film que, a pesar de no correr en el desarrollo de la historia, no aburre ni un instante. Todo ello con la deliciosa guinda de una fotografía preciosa que deja un sabor de boca realmente delicioso.
Lo dicho: disfruté como una enana.





