martes, marzo 31, 2009

La realización del ser humano

Se podría debatir durante horas sobre cómo y con qué se siente realizado el ser humano, encontraríamos millones de perspectivas que partirían desde las visiones más marxistas hacia el individualismo extremo y, aún así, nos dejaríamos puntos de vista. A mis ojos la dificultad de definir la forma de alcanzar ese sentimiento se da porque las metas de los individuos son muy variadas y no todo el mundo tiene las mismas.

Es decir, creo que el ser humano se realiza mediante la consecución de sus objetivos, al alcanzar sus metas, que pueden ser autoimpuestos o inculcados socialmente.

La diferenciación de tipos de metas se debe a que unas se basan en la mejora, perfeccionamiento y logro en actividades que nos provocan placer, que nos gustan (las autoimpuestas), y otras son metas sociales o culturales, las establecidas por el grupo normativo de la sociedad en la que vivimos, e implantadas en nuestro repertorio de objetivos porque es lo que está bien, lo que se ha determinado como deseable.

Mientras que el primer tipo de objetivos podrán ser muy variados entre los individuos, el segundo tipo tenderá más a pertenecer a la norma, a lo que desea todo el mundo. En ambos casos las metas pueden ser muy simples o ambiciosas, pero siempre existirán.

Los objetivos impuestos surgen a causa de vivir en sociedad y, por lo tanto, dependen en gran parte del entorno sociocultural en el que vivimos. Es imposible no poseer este tipo de metas ya que nuestro pensamiento, criterio y concepto del bien y el mal surge de la interacción con los otros individuos y de la educación. Estos serían objetivos de carácter muy general del tipo aportar algo a la sociedad, tener un buen trabajo, formar una familia, poseer un nivel económico aceptable... Son, en general, cosas que al alcanzarlas beneficiamos al conjunto de la sociedad ya que le aportamos conocimiento, servicios, nuevas generaciones, incentivamos la economía, etc.

Los autoimpuestos tienen una alta influencia social (altísima), pero van más dirigidos a aquello que queremos y no a lo que debemos hacer. Tienen un nivel de especificidad más alto y muchas veces van dirigidos al perfeccionamiento de ciertas habilidades o actividades y no a aportarle algo a la sociedad. Así yo puedo sentirme realizada al lograr escalar una montaña, al hacer un buen dibujo o al pintarme las uñas de los pies haciendo el pino sin por ello contribuir en nada al desarrollo de la comunidad en la que vivo: todo porque simplemente he alcanzado algo que me había propuesto.

El gran abanico de creencias sobre cómo se realiza el ser humano es tan sólo la consecuencia de que el individuo priorice unas metas frente a otras y, por lo tanto, les de mayor valor a las que consideran más importantes y sienta un nivel de satisfacción más elevado al conseguirlas que cuando son objetivos secundarios e infravalorados.

Pd.: La foto tiene que ver con el texto porque me sentí realizada al hacerla (xD).

miércoles, marzo 18, 2009

Cucú

Tras ver la creciente escasez de entradas que está sufriendo mi blog he llegado a una importante conclusión que dará solución a todos mis problemas: nada es demasiado intrascendente para ser publicado.

Hace unos meses hablé del temor que me producía que las empresas pudieran indagar por mi facebook para tomar referencias sobre mí ante una posible contratación. Hoy he descubierto que puede ser peor: que te agregue tu suegro.

Horror de los horrores. Descubro con una rápida ojeada que mi perfil es de todo excepto una buena carta de presentación para la novia de un hijo, que sobran fotos de borracheras y de una servidora disfrazada haciendo el gilipollas... me veo disfrazada de superheroína en pose de amenaza... me veo con un hacha en la mano y cara de perturbada... me veo... cogiéndole la cabeza a una amiga agachada y poniéndomela entre las piernas...

Borro el feed del blog (porque una cosa es que me vea haciendo el idiota y otra que me lea diciendo idioteces) y rezo para que no mire las fotos. Tres años guardando las apariencias para que las redes sociales descubran el engaño antes de tiempo. Tsk...

martes, marzo 10, 2009

Em-ba-ra-za-dí-si-mas

Como siempre digo que tendré hijos cuando me canse de vivir, viajar y hacer el loco, me cuesta asimilar que conocidas más jóvenes que yo (de veinte años) estén ya embarazadísimas, sumergidas en la cuenta atrás para estallar y dar al mundo una personita más. Es más, cada vez que me dan la noticia me falta el aire e intento alejarme un poquito de la persona por si es contagioso... todo porque no me veo en su misma situación y les gano en edad.

No es que tenga ningún problema especial con la maternidad ni que nunca quiera tener hijos. Es más bien una reacción lógica teniendo en cuenta que considero que mi madurez no es lo suficientemente elevada para plantearme tener un retoño a corto plazo y poderle educar adecuadamente para que no desarrolle conductas inadaptadas en la sociedad. Por otra parte, el tener un hijo es un cambio radical en tus costumbres, en tu vida, en tus prioridades: significa estar preparado para renunciar (o aplazar) una gran cantidad de cosas por el placer de criar a un niño. No es una decisión fácil porque conlleva unas responsabilidades ineludibles de protección, manutención y educación de un ser vulnerable e indefenso que necesita un cuidado dedicado y constante por parte de sus tutores.

Para tener un hijo hay que ser lo suficientemente responsable para encargarse de él, porque aunque algunos padres lo piensen: no es como tener un perro.

Con esto no quiero decir que las chicas más jóvenes que yo tengan hijos de forma irresponsable ya que pueden estar perfectamente capacitadas para ello (no es una cuestión de edad, si no de posibilidades y madurez psicológica). Es, simplemente, que considero que hasta dentro de algunos años no estaré preparada para ello.

Supongo que todo esto viene a causa de que Pedagogía de la Inadaptación y el estudio de casos de desamparo infantil me han provocado un pequeño trauma: no quiero tener hijos hasta poderles dar un buen entorno, buenos cuidados y, en definitiva, lo mejor de mi...

... ni tampoco antes de haber hecho una infinitud de cosas que tengo pendientes.

Quizá de lo que tenga miedo realmente sea de entrar en la vida adulta ya que un bebé te catapulta para ello.

martes, marzo 03, 2009

Bienvenidos al planeta rico en techno combustible

Creo que todos estamos de acuerdo en que el Máquina Total 6 marcó un antes y un después.





Me sabía todas las canciones y lo disfrutaba como una enana. Ahora, quince años después, no puedo evitar partirme de risa al escucharlo... ¡Que gustos más raros se tienen a los 8 años!

lunes, marzo 02, 2009

Amos, mascotas, dominatrix y masocas

Mi relación con Blacky (mi conejo -animal, no seáis mal pensados) siempre ha sido un poco complicada, una constante lucha de poder entre amo y mascota que muchas veces acaba con la inversión de roles. Todo porque yo soy una "calzonazos" y él un mimado.

Es, en resumen, como el sado. Yo soy la masoca que sirve y él el dominatrix que exige, que se deja acariciar cuando le place y que me arranca el sueño cuando lo desea. A veces llego a pensar que él es el amo y yo la mascota sometida a su voluntad, sudorosa por complacer a tan exigente dueño. Es más, hasta que conocí a Blacky jamás pensé que un conejo pudiera enfadarse, gruñir y hasta atacar... Pero es tan mono, tan adorable, que cuando se abalanza sobre ti con la boca abierta en pleno ataque y ves esos mofletillos regordetes y peluditos no puedes evitar darle el brazo a morder.*
"Pero mastica chiquitín, no te me vayas a atragantar"
La ineficaz educación que le di a Blacky (malcriar no es educar por mucho que se lo crean algunos padres) me hizo replantearme si realmente algún día seré una buena pedagoga o debería buscarme otro oficio. Con esta duda y pensando que quizá la mente de un conejo no diera para más decidí someter a procesos de "reeducación" a mis perros y a ciertas personas que se encuentran a mi alrededor.

De mis perros conseguí que mientras lloran pidiendo comida cuando estamos comiendo estén sentados, para poder gimotear más cómodamente y sin cansarse.

De la persona que quise reeducar no obtuve más que quebraderos de cabeza y su regocijo de no estirar de la cadena, tirarse eructos con olor a coca cola a la cara de la gente y ser imbécil la mayor parte del tiempo (si es que cuando a alguien siente placer tocando las narices se esmera en ello).

Es fácil llegar a la conclusión que, por una parte, si tuviera hijos ahora posiblemente fueran delincuentes en potencia. Doy las gracias de que antes de dar ese paso prefiero cansarme de vivir, viajar y de ser feliz.

Por otra, hay una relación proporcional entre lo tierna que resulta una mascota y lo mimada que está. Vamos, que si existieran los pokémon serían los amos del mundo y someterían a la humanidad a su tierno y gracioso gobierno dictatorial.

Intentar cambiar una conducta no sirve para nada si el resto de personas la refuerzan. Es decir, si intentas que un perro no te llore cuando estás comiendo y el resto de personas le dan de comer en dicha situación posiblemente solo logres volverte loco y oír voces que te dicen que prendas fuego al edificio.

Mis perros son más listos que la persona a la que intenté educar ya que aprendieron mal... pero al menos aprendieron algo.

Debería estudiar cualquier otra cosa.

*Blacky me atacó un día en el que le aparté del cable del portátil. El conejo salió corriendo, se paró, me miró y embistió en un ataque al más puro estilo berseker.