Sin embargo, sobre mí cae una extraña maldición que me impide salir de la isla. Ya me pasó con el viaje para las fiestas de San Joan en Menorca, con mi planificación para ir a ver a Ana a los Estados Unidos y ahora con el viaje a Valencia. Nos llamaron dos días antes de embarcar para decirnos que habían decidido de hacer la ruta Mallorca-Valencia y que nos fuéramos a tomar viento. Es decir: cogieron todas nuestras ilusiones, las hicieron una bola y luego orinaron sobre ellas. Hay tres palabras que definen a la compañía con la que íbamos. La primera es hijos y la tercera es puta. Imaginad la preposición que se encuentra entre ambas.
Para más inri al día siguiente unos operarios de GESA se cargaron los cables de ONO y me quedé sin Internet y televisión. Vale, quedarme sin televisión no me importa porque para lo único que utilizo dicho aparato es para jugar al Guitar hero. Pero... ¿Sin Internet? Internet es una herramienta imprescindible para el siglo XXI. Internet es teléfono, correo, televisión, libros, juegos, periódico... ¡Es todo!
Eso sólo quería significar que un ser divino se había empeñado en jorobarme el fin de semana. Y yo, inconsciente de ello, decidí hacer planes fuera de Valencia, de la red de redes y de mi soporífero hogar. Ayer fui a una quedada fotográfica de un nuevo grupo llamado Alerta Pingüina. Todas las fotos me salieron fatal. ¡Yuhu!Hoy tenía que hacerle una sesión de fotos a un amigo con otro amigo al que también le encanta la fotografía. Así que ese ser divino decidió enviarme un cólico lo suficientemente agradable para que tuviera que cancelar la cita y decidiera pasarme el domingo en casa arrugada como una pasa (rima y juega feliz). Mi último domingo del verano... mi último día de libertad malgastado en agonizar sobre la cama. Fantástico, realmente fantástico. Estoy de un contento que me desborda.

