domingo, octubre 23, 2005

Alicia estaba en el centro de la habitación. Una habitación totalmente gris y repleta de pilares que sostenían un sobrecargado techo agrietado.
A cada pilar un nombre grabado en sangre.

Empezaba el juego: se iban fraccionando algunos pilares.

Alicia, presa de la desperación iba de un lado a otro intentando arreglar el yeso que se desprendía de ellos, mas por mucho que hiciera un pilar tras otro se iban desmoronando y dejando tras de sí tan solo un blanquecino polvo que dañaba los ojos de la joven.

Uno tras otro los pilares fueron evaporándose y dejando tras de sí aquel molesto polvo. Ni una piedra, ni el nombre que había sido grabado en el, tan sólo polvo. Así, hasta que tan sólo quedó uno. Un nombre y un pilar que Alicia miró con admiración... Sostenía un curvado y sobrecargado peso que podía aplastarla en cualquier segundo. Se sintió egoísta por obligarle a sostener tanto peso para protegerla.

Así que presa de la culpabilidad se vió obligada a retirar aquel pilar y sostener ella sola el peso, sin embargo, el techo se siguió agrietando, abombando de una forma sobrenatural hasta que al fin acabó desplomándose.

Y entre todas esas ruinas tan sólo quedó el pilar intacto y, grabado en sangre, el nombre que había conservado.

2 comentarios:

Darius Growler dijo...

Me parece que te hace falta un Nikopol que te alegre, o un gato a rayas que te haga compañia

Wilkinson dijo...

Me acabo de dar cuenta de que hace algún tiempo dejaste un comentario por mi blog...
Me gusta tu estilo para escribir, a ver si me puedo pasar de vez en cuando, que ando un tanto justito de tiempo :S
Saludos