domingo, noviembre 13, 2005

Aunque ocultas en el anonimato reconozco tus palabras. Contundentes, dolidas e hirientes que se debanan entre el hacer daño o el mostrar el propio dolor, declinándose siempre hacia la posibilidad de atacar a aquel al que se las dedicas.
Dices añorar tiempos pasados, afirmas que todo ha cambiado y que lo lamentas, y que lloras por ello. Mas no haces nada para que vuelva a ser como antes al igual que no hiciste nada para que todos esos tiempos no desaparecieran. Sí, aquello que no se podía detener, yo, no se detuvo; mas todo aquello que pudiste conservar lo despreciaste y le diste la espalda. O bien porque no te sentiste lo suficientemente respaldado, o porque algo te molestó, o porque no te interesaba conservarlo.
Y ahora, que aún tiene solución, dices añorar a aquellas personas pero no haces nada para que vuelvan a estar a tu lado. Deja mejor de lamentarte y coge las riendas de tu vida; deja de culpar a otros por lo que ha pasado porque no hay culpables por seguir su camino y deja atrás los malos tiempos para buscar unos mejores.

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