sábado, enero 21, 2006

¿Qué más se le podría pedir a una muñeca de porcelana?
No siendo de carne y hueso debía mantener siempre la misma cara. La misma sonrisa misteriosa, inherte y sin alegría; la misma mirada perdida, vacía, que lo observa todo pero no ve nada.

Sentada modestamente en su estante, toda cubierta de sedas y lujos, escuchaba en silencio... sin embargo... no oía nada; con su sonrísa raída sentía... la nada. Sola y vacía en su estante de lujo.

Y todos los que la miraban la elogiaban, admiraban su estaticidad... el don para no ser corrompida por el tiempo. "¡Quién pudiese ser eternamente bella como la muñeca de porcelana!", "¡Ojalá yo también pudiese eludir la vejez y tener siempre su blanca cara!", "¡Qué bella expresión!"...

Pero ella no dormía, no comía, no sentía, no era ni tan siquiera suya... sólo era bella.

Sin embargo... ¿Qué más se le podría perdir a una muñeca de porcelana?

1 comentario:

Darius Growler dijo...

bonito...
me alegro de que estes de vuelta por aqui

:)