domingo, marzo 04, 2007

Mi extraño ancensor y mis grandes gemelos

Siempre he tenido una mala relación con mi ascensor. No sé, no es que me caiga mal, simplemente no nos llevamos.
Desde que nos conocimos, hará ya unos 12 años, nuestra relación ha sido un poco conflictiva. Él vago y enfermizo, de estropeo fácil y duradero, y yo residente del ático de su finca. Un problema vivir en un quinto piso cuyo ascensor está en constante huelga.

Así que, al menos una vez cada dos meses, me paso como una semana subiendo y bajando por las escaleras... Unas cinco o seis veces al día. ¿Quién quiere un gimnasio "teniendo" ascensor?

Esta semana su estropeo era fácilmente previsible. Primero dejó de atender a las llamadas de la entrada y, después, las del primero. Murió el viernes a las 19 horas y yo comprobé su muerte a las 5 de la mañana.
Aunque en realidad no tuve problemas a la hora de subir los escalones borracha, soy silenciosa y tengo reflejos. El verdadero conflicto se dio cuando entré en mi casa... La rutina de siempre: entrar evitando perros y sus posibles minas antipersona; esquivar el jarrón de 100 años cuya "vaporización" significaría la mía; estamparse contra la escalera de caracol que sube a mi terraza y reptar hacia la habitación escupiendo los dientes restantes antes de que te delate algún progenitor.
Aunque eso, en realidad, no es culpa del ascensor, sino de que tengo que aprender a encender la luz.

El sábado vino el técnico... fue amable y nos dejó dos notas en la planta baja: "Fuera de servicio" y la factura.

Muy amable, eso lo podría haber hecho yo.

1 comentario:

LoveBuzz dijo...

Joder, hay que ver lo dura que es la vida del joven bebedor de fin de semana..