martes, julio 10, 2007

Sputnik, mi amor

Hoy he empezado y acabado Sputnik, mi amor de Haruki Murakami. La verdad es que hacía tiempo que no devoraba un libro con tanta ansia, con tantas ganas.

No sé si es a causa de la diferencia cultural Europa-Asia, pero Murakami deja la narrativa tradicional que tan solo explica una bonita historia para otros. Él utiliza a los personajes, sus rarezas y su vida, para reflexionar sobre el mundo y el ser humano. Sobre el sentido de las cosas.

Es bastante curiosa la forma en la que el protagonista narrador no es el epicentro de la novela, sino que es utilizado como una herramienta reflexiva, elemento introspectivo (siempre lógico y racional), sobre la historia de Sumire, la mujer a la que ama y que, irónicamente, está enamorada de una mujer casada diecisiete años mayor que ella.

Sumire es un ser tan frágil, caótico e inestable que despierta cariño durante cada una de las páginas. Excéntrica, desordenada, desaliñada y soñadora parece un ser de otro mundo que se ve obligado, por una extraña razón, a permanecer en nuestra realidad. La verdad es que en algunos aspectos llegué a sentirme hasta identificada.

A través de los sentimientos del protagonista, de Sumire y de Myu el autor reflexiona sobre la soledad del ser humano; la diferencia entre el amor y la atracción sexual y qué y quiénes somos realmente.

Un buen bocado literario que deja un excelente sabor de boca como aperitivo de las lecturas programadas para este verano.

"Cerré los ojos, agudicé el oído y pensé en los descendientes del Sputnik que cruzaban el firmamento teniendo como único vínculo la gravedad de la tierra. Unos solitarios pedazos de metal en la negrura del espacio infinito que de repente se encontraban, se cruzaban y se separaban para siempre. Sin una palabra, sin una promesa."

Sputnik, mi amor. --- Haruki Murakami---

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Me parece un buen comentario a esta novela. Efectivamente Murakami siempre logra atraparnos desde diferentes espacios de identidad, de interpelación y reflexión, aunque en ocasiones sea a través de una aparente simpleza. ¡Salud! y para complementar este tipo de bocados, sugiero la lectura de Paul Auster.

Anónimo dijo...
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