
La gente no sabe lo afortunada que es al poder miccionar sin miedo, lo dice una persona que desde anteayer tiene fobia a los servicios. Es un privilegio del que creemos que gozaremos durante toda nuestra vida, inconscientes de que en algún momento tendremos que hacerlo mordiendo algo para ahogar nuestros alaridos de dolor. Desde ese momento cuando alguien te dice
"voy al baño" sientes la envidia, el rencor hacia aquel que puede desahogarse sin lágrimas,
sangre, ni sufrimiento.
Ayer por la noche me vi finalmente motivada para ir a urgencias. Supongo que ya se puede intuir por qué.
La sala de espera estaba abarrotada de gente absorta con el fútbol (resulta que ahora ponen los partidos en las salas de espera de los hospitales, por si te estás desangrando y no quieres ir al médico por no perderte un gol). Me senté y esperé cuarenta y cinco minutos hasta que una auxiliar se presentó ante mi y me ofreció un bote. Me arrepentí haberme sentado justo debajo de la tele, lugar estratégico para que todas las miradas captaran la escena en su plenitud.
No hicieron falta palabras, todos sabíamos lo que debía hacer... todos excepto mi madre, que hizo su aparición por si a alguien le había quedado alguna duda.
"¿Para qué es?"Nunca, repito:
nunca hay que preguntarle a una auxiliar que en breves acabará el turno la función del misterioso bote que te dan delante de toda la plebe. No te contestará, te lo gritará sin miramientos.
El inconveniente de todo este asunto no es que al decir que vas a
"empolvarte la nariz" todos sepan que estás mintiendo. El problema, el gran problema, es que saben que vas a salir con un botecito de pipí recién salido de fábrica y todos desearán verlo.
Sí, parece absurdo, pero cuando llevas dos horas echando raíces en la sala de espera de un hospital siempre tienes la esperanza de que aparezca un nuevo paciente con algún miembro
amputado. En el caso de no tener tal suerte, siempre te puedes conformar evaluando los síntomas de tus compañeros de silla y el tiempo que les queda de vida. Así que un botecito de pipí recién exprimido puede ser un entretenimiento muy interesante para personas que mueren de aburrimiento y se consuelan con el sufrimiento de otros.
Es por eso que al tomarte una muestra de orina de forma autónoma dejas de ser un paciente:
te vuelves un traficante. Ellos quieren ver lo que llevas y tú esconderlo, como si el pipí fuera ilegal, como si se inyectase. Lo ocultas entre tus manos sin atreverte a meterlo en el bolsillo por las posibles consecuencias. Notas que te observan, bajas la mirada, disimulas: tú no llevas nada, que a ti no te registren. Quieres librarte de la mercancía rápido para que no te lleven
p'alante, te giras hacia el que está a tu lado, bajas el tono de voz y se lo susurras...
"Osheeee... ¿Orín? Veinte pavos el chupito.
Hay cosas que son difíciles de contar sin resultar ligeramente soez... lo importante es que lo he intentado.