Mademoiselle Why Artwork

domingo, mayo 10, 2009

La Jetée y los doce monos

Cuando vi por primera vez Doce monos lo pasé tremendamente mal. El fin del mundo por un virus que tan sólo dejaba con vida a un 1% de la población que debía permanecer en cuarentena, evitando salir a la superficie para acabar infectados, me aterrorizaba. Fue una de mis películas apocalípticas favoritas de la infancia.

Hace un par de días descubrí que este film está basado en un corto de 1962: La Jetée, de Chris Marker. Busqué en el todo poderoso Youtube y... voilá, a disposición de todo el mundo. Los autores de un blog llamado Monstruos invisibles habían tenido la bondad de subirlo a una lista de reproducción dividido en tres partes y subtitulado al castellano.



miércoles, mayo 06, 2009

Oye... ¿quieres?

La gente no sabe lo afortunada que es al poder miccionar sin miedo, lo dice una persona que desde anteayer tiene fobia a los servicios. Es un privilegio del que creemos que gozaremos durante toda nuestra vida, inconscientes de que en algún momento tendremos que hacerlo mordiendo algo para ahogar nuestros alaridos de dolor. Desde ese momento cuando alguien te dice "voy al baño" sientes la envidia, el rencor hacia aquel que puede desahogarse sin lágrimas, sangre, ni sufrimiento.

Ayer por la noche me vi finalmente motivada para ir a urgencias. Supongo que ya se puede intuir por qué.

La sala de espera estaba abarrotada de gente absorta con el fútbol (resulta que ahora ponen los partidos en las salas de espera de los hospitales, por si te estás desangrando y no quieres ir al médico por no perderte un gol). Me senté y esperé cuarenta y cinco minutos hasta que una auxiliar se presentó ante mi y me ofreció un bote. Me arrepentí haberme sentado justo debajo de la tele, lugar estratégico para que todas las miradas captaran la escena en su plenitud. No hicieron falta palabras, todos sabíamos lo que debía hacer... todos excepto mi madre, que hizo su aparición por si a alguien le había quedado alguna duda.

"¿Para qué es?"

Nunca, repito: nunca hay que preguntarle a una auxiliar que en breves acabará el turno la función del misterioso bote que te dan delante de toda la plebe. No te contestará, te lo gritará sin miramientos.

El inconveniente de todo este asunto no es que al decir que vas a "empolvarte la nariz" todos sepan que estás mintiendo. El problema, el gran problema, es que saben que vas a salir con un botecito de pipí recién salido de fábrica y todos desearán verlo.

Sí, parece absurdo, pero cuando llevas dos horas echando raíces en la sala de espera de un hospital siempre tienes la esperanza de que aparezca un nuevo paciente con algún miembro amputado. En el caso de no tener tal suerte, siempre te puedes conformar evaluando los síntomas de tus compañeros de silla y el tiempo que les queda de vida. Así que un botecito de pipí recién exprimido puede ser un entretenimiento muy interesante para personas que mueren de aburrimiento y se consuelan con el sufrimiento de otros.

Es por eso que al tomarte una muestra de orina de forma autónoma dejas de ser un paciente: te vuelves un traficante. Ellos quieren ver lo que llevas y tú esconderlo, como si el pipí fuera ilegal, como si se inyectase. Lo ocultas entre tus manos sin atreverte a meterlo en el bolsillo por las posibles consecuencias. Notas que te observan, bajas la mirada, disimulas: tú no llevas nada, que a ti no te registren. Quieres librarte de la mercancía rápido para que no te lleven p'alante, te giras hacia el que está a tu lado, bajas el tono de voz y se lo susurras... "Osheeee... ¿Orín? Veinte pavos el chupito.

Hay cosas que son difíciles de contar sin resultar ligeramente soez... lo importante es que lo he intentado.

lunes, mayo 04, 2009

Quiero ver X-Men Orígenes: Lobezno... Digan lo que digan

Aunque aún no he visto X-Men Orígenes: Lobezno he podido leer en la red multitud de opiniones acerca de lo buena o mala que es la película y, a pesar de que la opinión general sea de "quemad la cinta por favor" voy a ir a verla sin dudarlo ni un instante.

No es por los efectos especiales, ni por la historia, ni por ser una película inspirada en un cómic que en mi infancia me emocionaba. Es porque Hugh Jackman está bueno. Así de simple.

Con este actor me vuelvo como aquellos tíos que dicen que una tía está buenísima a pesar de tener la cara de un Troll, vivir debajo de un puente y comer niños. A Hugh Jackman le permito tener cabeza sólo porque sin ella el resto del cuerpo no funcionaría (es su único defecto físico). No me interesa ni su inteligencia, ni su bondad, ni su simpatía. Igualmente no le voy a conocer y nunca me va a contar un chiste: así que evidentemente mis sentimientos hacia él distan bastante de cualquier concepción romántica, idealización o fantasía con una relación duradera. Es más bien una relación de "tú actúas y yo intento no deshidratarme por exceso de salivación en el cine".

Para las personas del género masculino que no lo entiendan: para nosotras ir a ver a Jackman es lo mismo que para vosotros ir a ver a Angelina Jolie. Nos emocionamos igual cuando el guión exige un desnudo integral o cuando hay un plano sugerente.

Desde que le conocí otros actores como Brat Pitt o Johny Deep quedaron totalmente eclipsados por el tamaño de sus pectorales, la musculatura de su espalda y, sobre todo, por sus venas. Esos excepcionales conductos sanguíneos que hicieron volar tanta imaginación y sangrar tantas narices en Australia y que pasaron tan desapercibidos para los varones heterosexuales.


¿Qué se esconde tras ellas? ¿El gran Cthutlhu?