miércoles, septiembre 12, 2007

¡Cásame esos calcetines!

Llegas a casa agotada, exhausta de un día que podrías calificar de mierda. Esquivas a esos bichos peludos (a los que tu hermano suele llamar "perros") que se te meten entre las piernas, intentando partirte la crisma, deseando llegar a tu cuarto. Te encierras, te tumbas y solo deseas morir. Morir tranquila y en paz, sin hacer nada.


Morir por vaguez, por no tener que realizar el esfuerzo de respirar, de bombear tu corazón o cualquier otro proceso corporal no voluntario. Entonces lo oyes: ¡Niña! ¡Emparéjame los calcetines y guárdalos!

Para mí hay cuatro torturas insufribles: comprar zapatos, comprar ropa interior, comer el osobuco de mi padre y casar calcetines. Antes de realizar cualquiera de estas cuatro tareas preferiría aguantarle un clavo a un culturista ciego.

Mi problema con los calcetines es arto complejo pero fácilmente comprensible: Para empezar tengo unos doscientos pares de calcetines. Tengo calcetines de colores, a rayas, con letras y con dibujitos. Todos diferentes y la gran mayoría parecidos.

El hecho de emparejar calcetines se vuelve, entonces, como un juego mnemotécnico de "me suena este calcetín, creo que lo he visto en el montón". Esto en si no me supone ningún conflicto. Es decir que, si mi relación con mis calcetines fuera simplemente esa, no sufriría ningún tipo de frustración al tener que guardarlos.

Mi problema real se da a causa del archiconocido poltergeist traga-calcetines. Toda persona con calcetines tiene uno en su casa. En el caso de que sea vuestro caso por necesidad habrá uno en la vuestra. Este extraño fenómeno (no visible ni perceptible de ninguna forma) es el que se encarga de hacer desaparecer un calcetín de cada par que tengáis. Los absorbe hacia un universo paralelo de calcetines, tapones de bolígrafo y cierres de pendiente olvidados.

La consecuencia directa en mi caso (ya que se ve que está macabramente obsesionado conmigo) es que el "me suena este calcetín, creo que lo he visto en el montón" del inocente juego mnemotécnico pasa a ser un "mecawënlaputa quince calcetines para doblar y todos dispares" que deriva en una búsqueda exhaustiva en el cajón de los calcetines solteros (porque por extraño que parezca tengo un cajón para los que sí tienen pareja y otro para los que no, por si algún día vuelven de "comprar tabaco").

La causa de mi malestar surge entonces de una combinación de todos estos factores: la proliferación de calcetines sin pareja unido a la irritante similitud de todos mis calcetines. Buscar un calcetín dispar entre cien calcetines dispares parecidos puede resultar ligeramente exasperante. Más o menos como este post.

Todo este tema me suscita la inquietante duda del por qué nunca me he planteado comprarme todos los calcetines del mismo modelo y color.

Fin de la búsqueda y del llevar calcetines de diferentes colores.

2 comentarios:

Un año en Amman dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Un año en Amman dijo...

Pues esperate a vivir sola... descubrirás la existencia de un vórtice límbico en el programa de centrifugado, en el que las cosas no solo desaparecen sino que las supervivientes exigen planchado

Como llega el finde, te traigo dos regalazos:
1- Acaso puede haber mejor regalo que esto?? Crees que un diamante es tan bueno como esto?
http://www.thinkgeek.com/
interests/backtoschool/7838/

2- Un explicación a tu post de hoy y que verás de otra manera. Un misterio existencial menos.

http://bp2.blogger.com/
_iJayHHFD94E/RiBX28J1wbI/
AAAAAAAAAU0/-3jyK9kGA9Q/s1600-h/Calcetines.jpg