martes, noviembre 13, 2007

Retorno al autobús

Debo empezar a mentalizarme a coger el bus los martes (único día en el que no he encontrado transporte alternativo). Empezar a superar el robo de mi coche (que nunca llegué a conducir), a asumir que mi rayado hasta la saciedad Ford Scort no explotará volatilizando a sus secuestradores y que tampoco Chuck Norris les buscará clamando venganza.

Ya puedo olvidarme del metro-submarino de Palma y asumir que no podré ir a la universidad de forma rápida y eficiente hasta el año que viene.

La sentencia está echada: autobús lata de sardinas hasta el 2008.

Lo que más me fastidia de todo este asunto no es haber perdido el coche (que se caía a trozos -¿Quién roba un coche con complejo de lego?-) sin haberme sacado ni tan siquiera el carné; ni tardar el doble para ir a la universidad; ni estar condenada a viajar en un trasto con olor a humanidad. Lo que me jode es tener que cargar con el portátil desde mi casa hasta la universidad.

Quiero mucho a mi portátil. Admito que es un amor (me habla por las noches y me dice que me quiere y todas esas cosas hermosas que un ordenador debe susurrarle al oído a su dueña). Sin embargo... pesa demasiado.

No es que tenga nada en contra de los portátiles grandes y pesados, ni nada de eso. Simplemente mi espalda ya no puede soportar el peso. La tengo torcida, me cruje hasta la vértebra más insospechada y cuando camino sin tener el portátil colgado al hombro me voy de lado.

Tengo amigos que dicen que tener un portátil grande tiene sus ventajas: la vista no se te cansa al trabajar mucho con él, las películas se ven mejor, etc.
¿Es acaso mejor tener las vértebras soldadas unas a otras por presión por no tener que descansar la vista cada hora?
Aconsejo encarecidamente un portátil ligero. Da igual lo caro que resulte, lo mal que se vea o que sea de segunda mano de un Pitufo. ¡Queremos espaldas libres e insonoras!

2 comentarios:

El hombre de los caramelos dijo...

Bueno, de acuerdo a mi experiencia, tengo una noticia que te va a encantar y otra que igual no tanto:

1- Es bastante probable que tu coche aparezca, de hecho para mí es casi seguro, y seguramente en algún polígono. No lo acabo de ver por piezas en Euroopa de Este o vendida a algún rico Dubaití.

2- Hay un alto grado de probabilidad que cuando lo encuuentres, si no te lo han que mado ya, lo pegues fuego tú.

Jill Bioskop dijo...

Realmente lo que más ilusión me haría es que mi coche explotase con el ladrón dentro. ¡Sería tan agradable!

Lo de prenderle fuego cuando apareciera ya me lo había planteado. A saber que han hecho dentro del coche, no quiero ni imaginarmelo. Seguro que solo de entrar me coloco gracias a las partículas de cocaína en suspensión...