miércoles, noviembre 14, 2007

Juegos sociales

Muchos consideran que soy lo que se llamaría un "animal social", que necesito relacionarme y no tener tensiones con otras personas para ser feliz. En estos dos aspectos esta definición parece hecha a medida para mí. Sin embargo, hay épocas en las que me canso de la humanidad.

Para entender mi hastío primero hay que comprender mi personalidad: Tengo un sentido del humor bastante deformado. Tiendo a reírme de cosas que son políticamente incorrectas; me hacen reír las personas cínicas y sarcásticas y me es imposible no reírme de mis propias desgracias (lo que me provocó un incómodo problema con mi padre el día que nos explotó una rueda en pleno trayecto en coche -nos podríamos haber matado- y el día que nos lo robaron).
Otro aspecto de mi sentido del humor es que tengo una capacidad innata para tomarle el pelo a la gente (meterme con ella de forma cruel pero graciosa). Siempre he intentado utilizar esta habilidad con responsabilidad y me establezco unos límites sobre qué puntos puedo atacar o no atacar, es el deseo de "fastidiar pero no herir" lo que siempre ha suavizado todas mis bromas.

Sin embargo, al cabo del tiempo decidí hacer un pequeño experimento: dejar de meterme con la gente.

Tras dos meses de "vacaciones" he llegado a una pequeña conclusión: la gente es masoquista y desea que yo sea su sado ejecutor, su "ama".

Cuando dejé de meterme con mis amigos en plan broma (que conste que ellos seguían el juego y también intentaban meterse conmigo -sin mucho éxito-) noté un pequeño incremento de sus bromas hacia mí, a pesar de de ello decidí aguantar y ver que pasaba.

La frecuencia de las bromas (metiéndose conmigo) crecieron y se acabó olvidado aquel límite impuesto para no herir al objeto del chiste. Los chistes pasaron a ser, en cierto modo, hirientes.

La conclusión extraída de este experimento es que el aumento de la frecuencia y potencia con la que se meten conmigo se puede deber a dos razones:

a) Una necesidad imperiosa rayando el masoquismo a que me meta con ellos olvidando todos mis límites morales y les deje al borde del suicidio.

b) Un aumento de la confianza en si mismos provocado por la errónea creencia de que no me me meto con ellos porque no puedo.

c) Un aumento del autoestima provocado por la eliminación del agente que les destrozaba psicológicamente.

Creo que tendré que darles el toque de atención y darles a escoger: O bien me meto con ellos y ellos conmigo (como siempre), o bien nadie se mete ya con nadie. Porque si siguen así dejaré de portarme bien y empezaré a divertirme yo de nuevo con ellos, pero esta vez sin límites. A ver si así se les quita la tontería.

2 comentarios:

Chuchería dijo...

Yo tengo una amiga que también tiene mucha gracia y parte de eso es porque se mete con la gente (sin herir claro). Al principio intimidaba pero ahora se nos ha pegado un poco a todas y todas nos metemos con todas... pero de buena fe :P

No dejes que te coman! :P

Jill Bioskop dijo...

No lo dejaré, les mantendré a raya. Tras mucho reflexionar he llegado a la conclusión que reprimirme a meterme con ellos y tener que comerme sus bromas es contraproducente por dos razones:

1.- Cada vez que me reprimo me sale un pequeño tumor cerebral.
2.- Me gusta meterme con ellos. xD

Un besito piruletilla!