lunes, abril 30, 2007

No compartirás material pornográfico con tu familia: II parte


Hace ya unos meses que hablé de este tema, sin embargo -a pesar de mi convicción- he roto este sagrado onceavo mandamiento:

Comparto material erótico con un familiar.

Gracias a Dios no es mi virginal madre, ni mi virginal padre, ni mi virginal hermano de 23 años (¿alguien capta la ironía?); pero sigue siendo un familiar directo: mi tío... Y a cada cómic prestado me deja más y más impresionada.

Es curiosa la capacidad que tenemos los seres humanos de no captar ciertas conductas o rasgos de la personalidad de nuestros familiares más próximos. No sé si son ellos que frente a nuestros ojos cambian de actitud y adquieren una personalidad más madura, o los más jóvenes que nos negamos a ver que éstos fueron una vez jóvenes y que todas las locuras y barbaridades que hacemos en nuestro tiempo libre ellos ya las hicieron antes. Supongo que en general ambas posibilidades se fusionan para dar paso a un concepto distorsionado y "políticamente correcto" de cómo son nuestros familiares.

Un adulto que tenga una relación con nosotros por lazos sanguíneos o por ser hijo de Pepito o amigo de su hijo Menganito, siempre actuará de forma distinta a aquellos que conozcamos de forma casual y sin ningún nexo que reprima su actitud... Realmente nunca sabes qué te has encontrado ni qué te encontrarás...
La verdad es que estoy contenta porque al final tengo cómics eróticos desperdigados por mi cuarto sin que mi familia piense que estoy totalmente depravada.

¡Un punto para mi tío!

Pd.: Y para complementar unas imágenes de Guido Crepax autor de Hello, Anita! (uno de los cómics que me ha prestado) y sobre todo recordado por Valentina.

domingo, abril 29, 2007

Premonition:7 días

Hacía ya un mes que no pisaba el cine, desde 300 y el aumento de los precios de butaca (hijos de...) me había mantenido apartada de uno de mis hobbies favoritos. Ayer al fin rompí mi abstinencia y fui a ver Premonition: 7 días... ¡No encontré peor forma de retomar el hábito!

Este film nos muestra la historia de Linda (Sandra Bullock), una feliz ama de casa que cuida de su familia a pesar de los recientes problemas conyugales. Una mañana, tras escuchar un extraño mensaje de su marido (Julian McMahon) en el contestador, es informada de que éste ha muerto en un accidente de tráfico y, al final del dramático día, acaba quedándose dormida en el sofá. Al día siguiente Linda se despierta de nuevo en su cama y, al bajar a la cocina, descubre que su marido está desayunando tan campante en ella. Así, nuestra joven ama de casa (que por cierto, no es muy lúcida) se ve atrapada en un extraño suceso paranormal en el cual vive día sí y día no en el futuro, buscando pequeñas pistas sobre los sucesos que rodearon la muerte de su marido y qué fue lo que provocó el accidente para así poder salvar su vida.

¿Dónde están Mulder y Scully cuando se les necesita?

Los saltos temporales hacia el futuro y el presente intentan provocar sensación de incertidumbre en el espectador, con el objeto de aumentar la intriga y causar cierta sensación de desamparo. Sin embargo, a pocos minutos de empezar la película es fácil imaginar su final y, más que intrigar llega a marear y aburrir. Lo único que puede salvarse de ella son dos o tres planos decentes.

No vale ni de lejos los 6 euros de la entrada... Y eso sin tener en cuenta mi odio exacerbado hacia Sandra Bullock (Linda), cuya carrera cinematográfica está en declive desde Speed -exceptuando películas como Crash- , y hacia Julian McMahon (Jim), que no debió salir nunca de su papel en Embrujadas y que tiene menos variedad facial que una máscara de titanio.

jueves, abril 26, 2007

Ser hippie es caro

Este fin de semana he salido de mi pequeña Mallorca para visitar una isla vecina: Ibiza.

Ibiza fue en los años 60 un punto de referencia para la cultura hippie, dónde se vivía acorde a los ideales de este movimiento contracultural surgido en EEUU por el rechazo a la guerra de Vietnam. Más tarde se volvió el punto de encuentro de los juerguistas de toda España y parte del mundo. Sus discotecas y su ambiente fiestero en verano (puesto que en invierno gran parte de las discotecas están cerradas) han sido el gran reclamo de todos aquellos a los que les apetezca desfasarse y pasárselo bien en sus vacaciones. Pero no os preocupéis, en Ibiza aún quedan hippies.

Mi viaje, más que una escapada para emborracharme y morir en una cuneta por exceso de alcohol en sangre, fue para salir de la rutina habitual y pasar unos cuantos días con unos amigos a los que desde hacía algo no les dedicaba el suficiente tiempo. Dos días de relax y cachondeo en grupo que no olvidaré nunca.

El ambiente de Ibiza en primavera es agradable, es una época del año que se encuentra en un punto de equilibrio entre el invierno y el verano; es decir, hay cosas cerradas y cosas abiertas... así que vayas a dónde vayas siempre estará la emoción de encontrarte la tienda, bar o discoteca cerrada y que te quedes repentinamente sin planes.
El paisaje precioso y por el día el ambiente es cálido y agradable, una verdadera delicia. ¿La marcha? Desconocida aún por mi grupo, puesto que acabamos emborrachándonos en casa.

En esa pequeña isla del Archipiélago Balear hay dos tipos predominantes de personas: Los fiesteros, cuya ropa y complementos se venden a precios desorbitados en tiendas que portan el nombre de las más famosas discotecas de la isla; y los hippies, a los cuales puedes encontrar cada sábado en el Mercadillo de Las Dalias (donde venden manualidades y frusilerías varias) en Sant Carles.
Ahora debemos plantearnos la realidad sobre la evolución de la cultura hippiesca en Ibiza:

¿Cuánto cuesta ser hippie?

La respuesta es fácil: Un riñón.

Ser hippie es caro, no sólo por el presupuesto invertido en semillas de maría y costo. Sino que también porque ese estilo de vida se ha comercializado y, actualmente, todo lo hippie se vende como un souvenir de recuerdo de la isla. Así que, cuando vas al mercadillo de Las Dalias, puedes abrir los ojos y darte cuenta de que aquellos jóvenes que luchaban contra las tendencias materialistas de la sociedad para proclamar "la paz y el amor libre" han evolucionado hacia un tipo de empresario de aspecto poco convencional que vende manualidades de fábrica a precio de oro garantizando al comprador que ha sido hecho por un "verdadero" hippie de pelo largo, de esos que salen en las películas, mientras comprueban la hora de cierre de negocio en un bonito y caro reloj.
Sí, es verdad, los hippies también tienen derecho a tener un buen sueldo, una buena casa y un buen hermoso coche mientras proclaman unas creencias que niegan la necesidad de esos objetos adquiridos en un mundo de avaricia, sobreexplotación y consumismo. Los hippies tienen derecho a parecer hippies y no serlo... Digamos que es la imagen comercial... ¿O seré yo que los estereotipo demasiado?

¿Dónde están los bohemios con los que soñaba? ¿Las mujeres de pelo largo y lacio vestidas con coloridos harapos hechos por ellas mismas y complementadas con flores y símbolos de paz? ¿Los guitarristas que componían canciones de bellos ideales en la playa?
¿Dónde están mis tan soñados hippies?

... ¿En el recuerdo?

sábado, abril 14, 2007

Conversaciones con la pequeña Alicia

- Alicia, pequeña: ¿De qué te ríes?

- De la gente.

- ¿Qué? Alicia... ¡eso no está bien!

- ¡Jo! Es que se prestan a ello.

viernes, abril 13, 2007

Vidas de teatro

A veces pienso que mi vida podría ser perfectamente una obra de teatro. Las situaciones, los diálogos y la misteriosa banda sonora que suena de fondo me dan razones suficientes para pensar que estoy atrapada en un universo teatral paralelo.

Los sucesos que acaecen a mi alrededor son tan extraños, tan abstractos, que en su sentido cómico Jardiel Poncela se estaría frotando las manos y, en sentido dramático Ibsen estaría montando toda una fiesta.

Respecto a los excelentes diálogos de los que soy partícipe... La verdad es que me asustan, porque la espontaneidad de los actores y la ironía que hay en ellos es realmente asombrosa y, en algunos momentos, totalmente anormal. Muchos críticos teatrales disfrutarían de los personajes y de las pequeñas discusiones y reflexiones que hay en sus fluctuantes vidas, de la extraña evolución de los protagonistas que cambian de papel en la historia como si el azar estuviera jugando a los dados con ellos.

Y... la banda sonora... ¿Por qué me persigue un saxofonista? No lo entiendo, vaya a dónde vaya acabo oyendo su dulce melodía. Lo preocupante es que aún no le he visto, ¿me lo estaré imaginando? ¿Será todo un delirio esquizoide?

Lo dicho: un día de estos tengo que grabar todas mis conversaciones y, con ellas, hacer una obra de teatro.
Seguro que tiene un éxito mundial.

Chiste de Mario

Un niño va a una heladería y pregunta al encargado:

- Disculpe, ¿tienen helados de coco?
- Claro.
- ... ¡Qué miedo!