martes, septiembre 30, 2008

El niño con el pijama de rayas

El niño con el pijama de rayas es un claro ejemplo de la diferencia de recursos que tiene la literatura y el cine para desarrollar una historia.

En el libro todo es narrado desde los ojos del protagonista, de nueve años, que explica un mundo que no termina de comprender tras el tupido velo de la inocencia. El holocausto nazi desde los ojos del pequeño Bruno, que admira con pasión a su padre (que es militar) y no comprende el por qué los granjeros de detrás de la alambrada van siempre en pijama.

En cambio, la película (al ser visual) no puede dejar a intuir la época en la que nos encontramos y que la granja es el famoso Auswitch. La inocencia del pequeño se refleja en sus miradas y no en sus pensamientos y palabras.

Es entonces cuando la forma de contar una misma historia cambia considerablemente, pues en literatura se desea que el lector junte las piezas del puzzle hasta saber exactamente qué está pasando. En cambio, en cinta es imposible omitir esos pequeños detalles que harían que el espectador hiciera uso de su imaginación para componer las incorrecciones propias de la inocencia del protagonista.

Pero aunque el libro contenga muchos más detalles e influya de forma diferente en el lector, la película no tiene ningún desperdicio.

Me gustó especialmente la fotografía, la interpretación de la madre y la realización de un final realmente estremecedor y emotivo (ya sabía que el argumento era bueno de antemano). Desgraciadamente su ritmo inicial me pareció innecesariamente lento, como desacompasado. Me dio rabia porque de no haber sido así podrían haber mostrado más la ingenuidad de Bruno.

Recomiendo tanto la película como el libro. No sólo porque sea una gran historia, sino como elemento comparativo de lo diferente que puede llegar a ser contar exactamente lo mismo en un medio u otro.

domingo, septiembre 28, 2008

La mirada del silencio.

Es curioso que un día antes de comenzar las clases la inspiración haga su aparición y decida bendecirme con miles de temas de posteo. No sé si es que la universidad me inspira o si es que la tensión que me produce ese lugar me crea una necesidad insaciable de escribir y desahogarme.

Ayer fui a la conferencia de un compañero de trabajo en la ONCE sobre un proyecto personal llamado La mirada del silencio, en el que realizó un viaje de noventa días en bicicleta por Argentina para superarse a si mismo, las barreras de comunicación entre oyentes y sordos, y compartir sus experiencias visitando colegios de niños en su misma situación enseñándoles que el no oír puede dificultar en parte su comunicación con los oyentes (ya que hablamos idiomas diferentes -el de signos y el de sonidos-), pero que no es imposible y eso no les debe impedir intentar cumplir sus sueños y superarse día a día.

Sin embargo, José Luís no es tan sólo un ejemplo a seguir para las personas que se encuentran privadas de la capacidad auditiva. Es un modelo para todos.

Porque la valentía y la determinación que hay que tener para embarcarse en un proyecto así son dignas de admiración. La superación personal diaria en un viaje de arrolladora soledad en la que tuvo que enfrentarse ante la incertidumbre de no tener un lugar determinado en el que dormir por la noche, ni en qué apoyarse en momentos de flaqueza o enfermedad, ni alimento y agua asegurados...

¿Cuántas veces hemos soñado con realizar una aventura de tal magnitud? ¿Seríamos capaces de embarcarnos en ella por mucho que lo deseáramos?

Y sus fotos: preciosas.

miércoles, septiembre 24, 2008

Vicky Cristina Barcelona

Una de las características definitorias de mi hogar es la prohibición absoluta del visionado de películas de Woody Allen dentro de casa. Un director antaño muy apreciado por mis padres que tras cierta etapa de decadencia acabó por ser odiado.

Woody tiene la marca de los grandes directores de cine: haga lo que haga los críticos siempre se darán de tortas para alabarle. Eso hace que el seguir el criterio de uno de estos amantes de la gran pantalla sea tremendamente peligroso. Por ejemplo, a mí Match point me pareció una película bastante mediocre (por no decir una soberana mierda), jamás merecedora de la cantidad de buenas opiniones que la rodearon.

Por eso cada vez que voy a ver una película de este director me tiemblan las piernas cual gelatina de fresa.

Aunque al principio de Vicky Cristina Barcelona llegué a pensar que sería un anuncio turístico de dos horas de duración, la cinta acabó por sorprenderme gratamente.

Sus diferentes visiones del amor son, aunque muy diferentes entre sí, simplemente maravillosas. Dentro de los clichés de la cultura española de guitarra, vino y pasión latina se presentan personajes cuyas relaciones no son para nada convencionales. Hasta la visión más "tradicionalista y práctica" del noviazgo se pone en entredicho tratando el "estar sin amor por el bienestar, por el miedo al cambio".

La película es pausada, perfecta para disfrutar del diálogo, y los actores están realmente espléndidos. Por primera vez me veo obligada a admitir que Penélope Cruz es genial y que Scarlett Johansson puede llegar a no ser patética.

Su único fallo es el doblaje. Una de las gracias de la película en versión original es que se habla tanto en castellano como en inglés. Por lo tanto, es de suponer que las dos turistas americanas no pueden entender algunas de las conversaciones que mantienen los personajes en castellano. Al estar toda la película en el mismo idioma es difícil averiguar en qué conversaciones están participando y en qué otras no se están enterando de nada. Supongo que lo más adecuado hubiera sido una versión original subtitulando los diálogos en inglés.

A pesar de todo, aunque la película me encantó, es difícil de recomendar: depende muchísimo de los gustos cinematográficos de cada uno.

domingo, septiembre 21, 2008

Cuando el karma se venga

Hace tiempo que expliqué mi teoría sobre el karma, sobre que a cada acción mala le correspondía un suceso negativo y a cada buena uno de positivo. Jamás pude llegar a imaginar que esto no sólo es cierto (lo comprobé empíricamente), sino que además, el karma es tremendamente vengativo y no tiene medida.

Todo empezó con la repentina explosión de mi escritorio por exceso de carga. La pared que aguantaba la cajonera decidió dejar de hacer su labor y un torrente descontrolado de papeles, objetos inútiles y cosas que perdí y nunca encontré arrasó mi habitación. Un desastre hogareño de escala tres: leve pero tocanarices.

Poco más tarde (para ser concretos, al día siguiente), la lavadora decidió morir sin explicación alguna y así sigue hoy en día. No sabemos lo afortunados que somos al disponer de ciertos aparatos que nos facilitan la vida hasta que los perdemos y tenemos que plantearnos cuál es la mejor opción: lavar a mano o gorronear de lavadoras ajenas. Lo malo es que cuanto más tarde la decisión, menos ropa limpia tendremos a mano y más tendremos que hacer uso de aquellas prendas que han sido pasto de polilla durante siglos, nos van ya demasiado grandes o estrechas y tienen cierto matiz de persona de mal vivir que hace que ancianitas y madres de familia cambien de acera nada más vernos.

Siguiendo con la dinámica de la semana, a mi madre se le pinchó la rueda del coche delante del trabajo con un cúter. Hecho que me hace pensar que más que "se le pinchó" debería expresarse con un "se la pincharon"... Pero bueno, tampoco hay que ser mal pensados.

Y finalmente, para rematar la semana, el ventilador de la fuente de alimentación de mi ordenador decidió hacer huelga permanente y me cargué con gran habilidad mi querido teclado al intentar conectarlo al ordenador con más fuerza que maña. Algo que, desgraciadamente, me impidió postear ayer una autofelicitación por mis tres años en La mujer trampa y hablar de los beneficios del software libre en el día dedicado a la causa.

¿Qué hice mal? ¿Cuál fue mi acción condenatoria?

martes, septiembre 16, 2008

Declaración de intenciones

Un día antes de terminar los exámenes del año 2007-2008 hago declaración de intenciones de lo que pretendo hacer/conseguir este curso.

Estudiar no sólo el primer cuatrimestre: El ser humano cuando se confía se vuelve idiota y después se arrepiente de ello.

Tener menos vida social: Algo realmente recomendable si se desea estudiar también el segundo cuatrimestre.

Sacarme el carné de conducir: Porque ya es bastante triste tener un coche propio y no tener el trocito de plástico que te permite conducirlo... Además, tener coche ahorra tiempo.

Postear con frecuencia: que no quiere decir ni cada día, ni dos veces al día. Intentaré que mi pasión no sea tan fogosa y poder dedicar mi vida también a otras cosas.

Dibujar de vez en cuando: nada de los tres dibujos al año a los que últimamente me he acostumbrado. Si tengo tiempo me apuntaré a clases de dibujo (de estilo realista). La prueba de mi clara convicción hacia este punto es el dibujo que ilustra este post.

Hacer footing en vez de apuntarme al gimnasio: que sí, que ir al gym es muy cool... pero es caro y acabo haciendo hora y media de ejercicio diario, sufriendo bajones de tensión por haberme esforzado demasiado y pasandome el resto del día hecha un manojo de heces.

Ir a hacer fotos los fines de semana.

Dejar de picar entre horas: mi estómago no lo soporta más.

Prepararme psicológicamente para esperar o ver los siguientes estrenos:

The Watchmen




Dios nos coja confesados, o es un gran éxito o una gran bazofia. Lo sabremos en el 2009.

Red Sonja



Hermosa y letal... ¿Qué más podemos desear?

Los cazafantasmas III: ¿Pasará lo mismo que con Indiana Jones?

X-men Origins: Wolverine


El Hobbit

¿Alguno estreno más por el que me tenga que mentalizar?

lunes, septiembre 15, 2008

¿Y en el futuro?

¿Qué pasará con los blogs actuales dentro de doscientos años?

Las bitácoras son una fuente de información sorprendente sobre la sociedad actual, nuestras costumbres, hábitos, tradiciones, gastronomía, avances tecnológicos y sorpresa ante ellos, críticas literarias y cinematográficas... Una cantidad bestial de ideas, sentimientos y anéctotas que dentro de cientos de años podrían ser estudiadas como "testigos directos de la sociedad post-industrial o de la comunicación".

Son diarios públicos al alcance de cualquier mano que reflejan la personalidad de los miembros de cada país, su estado político (y situación de los ciudadanos frente al mismo), su forma de afrontar las problemáticas sociales y un largo etcétera del que los historiadores actuales no dispusieron en el estudio de las civilizaciones antiguas.

Y aunque tanto a Andreu Romero como a mí nos preocupe morir repentinamente y que nadie de la blogosfera se percate de nuestra desaparición... ¿No es bonito pensar que seguiremos aquí durante unos buenos años? Que hemos dejado una pequeña huella en el mundo, por insignificante que sea.

domingo, septiembre 14, 2008

Queremos ver tu culo

Amigos bloggers, la Asociación para la Liberación del Culo Bloguero (mediante Mr. Blogger) me ha seleccionado para pasaros el testigo: empieza la tercera edición del prestigioso concurso "enseña tu culo", en la que se otorgan los premios de Culo de oro al mejor trasero y Culo de mandril al menos apetecible.

Nos conocemos las caras, pero... ¿Y los culos?

Pensad amigos míos que el culo es el espejo del alma.

Las bases del concurso son simples:

  • Enviar nick y enlace al blog junto a la foto de tu trasero a hominiaco@gmail.com
  • El trasero puede estar vestido, desnudo o como se desee.
  • Ha de ser el propio trasero, así que en la foto debe salir un cartelito escrito a mano con el nick del participante. No vale hacer trampas.
  • No pueden participar menores de edad.
  • Abstenerse fotos de traseros en los que hay introducidos objetos.
  • El tema de esta edición es, ni más ni menos, que los pijamas.
Para más información sobre las normas visitad las bases del primer concurso y, para más información sobre esta edición en concreto la Carta en cadena culera.

¿A quién le paso el testigo?

... ¡A TODOS VOSOTROS!

A ver quién se atreve.

sábado, septiembre 13, 2008

Acicalamientos

Como tengo claras dificultades para salir de casa y el estudio a veces mata las ganas de seguir viviendo, últimamente me ha dado por empezar a acicalarme. Las mujeres, ya casi por definición, tendemos a realizar rituales absurdos de belleza. El lavado cerebral televisivo y propagandístico ha hecho grandes estragos en nuestra existencia. Pongamos, por ejemplo, el pintarse las uñas.

Lejos de ser una actividad tan superficial como se suele pensar, pintarse las uñas es un arte. Al fin y al cabo se utiliza pincel y pintura, precisa de maña y paciencia y tan sólo los más experimentados (y que gastan mucho tiempo en ello) acaban adquiriendo ese aura de perfección propia de los más grandes artistas del arte moderno. Porque, admitámoslo, el arte moderno actual es similar a esta tarea: una mierda.

En definitiva, pintarse las uñas es la supresión voluntaria de cualquier actividad manual durante cosa así de quince minutos. Por ello podríamos deducir que su filosofía es similar a la zen, de fomento de reflexión, la pausa de la ajetreada agenda para la sumergirse en los temas esenciales y transversales de la existencia del ser humano, la armonía con el universo, del ser como individuo y, en resumen, la iluminación. Pues no, no es así.

La filosofía que envuelve este arte es de una dificultad extrema, busca la perfección del uso de las yemas de los dedos. No significa no contestar al teléfono, no intentar coger una Chips Ahoy de la caja, ni excluye ninguna actividad manual de alto riesgo de destrozarse la pintura. Al contrario: incita a la realización de tareas dificultosas para entrenar el cuerpo y la mente. Si te despintas has errado, debes volver a comenzar el ritual y perfeccionar tus capacidades. Todo por la paz interior.

martes, septiembre 09, 2008

Exámenes y trabajo: cóctel asesino

Volvieron los exámenes y, como de costumbre, vuelvo blogocosa. Un lugar en el que olvidarme de todo, leer las historias de otras personas y escribir mis pequeñas tonterías e infructíferas aportaciones al mundo. Mi pequeña y querida vía de escape.

Empecé este verano con la determinación de estudiar un poquito cada día. Un esfuerzo diario para poderme enfrentar a los exámenes de septiembre sin miedos, hacer escabechina con las asignaturas y alzarme como la diosa de las recuperaciones.

Pero no, no tuve en cuenta el agotamiento físico que me provocaría levantarme a las seis de la mañana cada día para pasarme siete horas levantando paquetes cuyos pesos oscilan entre un quilo y los treinta. Una actividad diaria que aunque me ha mantenido en línea a pesar de comer como un riquishi (también tengo unos bíceps que ya querría Stallone), me ha provocado el mal hábito de entrar en coma nada más terminar de comer. Eternas siestas de entre dos y cuatro horas que finalizaban con un mal despertar y la incapacidad de hacer algo con mi intelecto. Dejé a un lado el blog, los estudios y empecé a usar el cerebrito tan sólo en la jornada laboral, no fuera que lo desgastase.

Se ha acabado el verano y me encuentro con que no he estudiado prácticamente nada; impotente ante un cóctel de exámenes y trabajo que me provoca taquicardias, bajones de tensión y un repentino desorden alimenticio que me impulsa a devorar chocolate constantemente. Mi estado anímico tan sólo me impulsa a quedar con otros seres humanos y unirme a los llantos típicos de los periodos de exámenes. Algo totalmente desaconsejable cuando se tiene el tiempo pegado al trasero.

Por eso, como respuesta consumista a mi depresión y medida drástica para quitarme las ganas de salir de casa, el otro día me fui de compras.

Recordando los discursos feministas de la profesora de Estudios Psicosociales sobre la Mujer sobre la moda como medida de represión y control de la fémina (ya que dificulta su movilidad y todo ese rollo -recordad la reducción de pies que se les hacía antiguamente a las niñas en China-), me compré unos zapatos dignos del sadomasoquismo más extremo. Preciosos, eso sí.

Mi idea es que cada vez que quiera salir de casa por motivos lúdicos tendré que ponerme esas máquinas de destrozar pies con nueve centímetros de tacón.

A ver si así se me quitan las ganas de ver el sol.

Nos encontramos ahora frente a dos posibilidades: o me encierro en casa y empiezo a estudiar como una posesa, o aprendo a llevar tacón cual modelo de Cibeles.

lunes, septiembre 08, 2008

El día que perdí el coxis

Al final me decidí y, tras veintidós años de vergüenza, le robé la bicicleta a mi madre y me dispuse a aprender el maravilloso arte del equilibrio sobre dos ruedas. Una excitante aventura veraniega bajo el asfixiante sol de agosto que me hizo dimitir el primer día a la media hora de intentos y, el segundo, cuarenta y cinco minutos después de lograr mantener el equilibrio e incrustarme contra un árbol.

El tercer día aprendí a frenar, a rezar inútilmente a la hora de intentar tomar una curva y a llorar humillada al ser incapaz de subir una cuesta.

Y el cuarto (y último) lograba girar dificultosamente hacia derecha e izquierda. Progresos que me llenaron de valor y me permitieron enfrentarme por segunda vez a la rampa que se me resistió el día anterior: cogí velocidad, potencia y subí tambaleante el desnivel que me separaba de la autorrealización más absoluta.

El viento azotando mis cabellos, el esfuerzo calentando y enrojeciendo mi rostro, mis músculos en tensión, la creciente sonrisa de satisfacción... Superé la prueba, pero en algún lugar de esa cuesta perdí el coxis.

Desde entonces no sólo no monto en bicicleta (hace ya un mes), sino que a veces noto punzadas de dolor al sentarme.

A pesar de todo, lo más doloroso no fue la perdida de pequeños huesos culeros, ni los golpes de los pedales en las espinillas, ni la gravilla incrustada en las palmas de las manos, ni las astillas del árbol penetrando en mi rostro... No, tampoco fue la risa de aquel pequeño ciclista de siete años al verme hacer el ridículo, fue mi imposibilidad de alcanzar a ese pequeño tumor social sobre dos ruedas para darle su merecido.

Sin embargo creo que la humillación no fue en vano: jamás olvidaré lo que sentí cuando me di cuenta de que avanzaba sola, que me mantenía sobre (y no bajo) la bicicleta. El orgullo de haberlo conseguido.

jueves, septiembre 04, 2008

Hellboy II

Con Hellboy II Guillermo del Toro nos presenta un universo fantástico que sobrevive oculto en la época actual, lleno de seres oscuros cuya rareza y magia fascinan al espectador desde el primer vistazo. Un diseño de personajes excelente que sigue la linea de El laberinto del Fauno y que nos hará preguntarnos de dónde surge ese derroche de imaginación y por qué no existe un juego de rol inspirado en ese universo fantástico que está estrechamente unido con la realidad.

Sin embargo, también traerá consigo una historia pobre que poca relevancia tendrá que ver con el destino del protagonista o su desarrollo personal. Hellboy II podría haberse rodado sin Hellboy y el resultado habría sido exactamente el mismo. Bastaba con poner a cualquier personaje con una fuerza sobrehumana y una pistola bien grande (como Lobo).

¿De qué sirve hacer una película de un personaje de cómic si al final no se trata nada sobre su historia o su personaje?

Para ganar dinero. Así de simple.

Pero por desgracia esa no es la única razón por la que la película no me gustó.

Para empezar el desarrollo de la historia me pareció pesado, predecible (muy, muy predecible) y con una cantidad exagerada de escenas que yo habría cortado sin ningún remordimiento de conciencia porque no tenían ninguna relevancia o su longitud era exagerada para lo que se quería transmitir.

Por otra parte, se ve que se gastaron todo el presupuesto de la película en los efectos especiales y que el sueldo de los actores sólo daba para que dijeran las frases, no para que las interpretasen. Caras estáticas, marmóleas, que mantienen la misma expresión pase lo que pase. Lamentablemente la única fuente de carisma de los personajes es su aspecto.

El film habría tenido un pase si al menos se hubiera criticado con más profundidad la sociedad ante la anormalidad, ante lo que no comprendemos, o la necesidad de integración y reconocimiento en la misma. Sin embargo, trata esos temas de una forma tan superficial que puede pasar totalmente desapercibida por el espectador cuando se le podría haber sacado mucha más chicha al asunto.

Recomendable para un lunes vago... eso sí, bajada de Internet.