Decidiendo quién iba con quién en una partida de billar.
Yo- ¿Con quién voy?
Vicky- Sola.
Y- Jo, no tengo amigos.
El Frets on Fire, en cambio, solo se centra en el acto de tocar la guitarra. Podemos picarnos con amigos a ver quién saca la mayor puntuación, sin embargo cuando estamos incomunicados pierde parte de la gracia. Mejoramos tocando por puro vicio y por batir nuestros propios records (cosa que tampoco está mal)."Muchas personas se pierden las pequeñas alegrías mientras aguardan la gran felicidad."
Pearl S. Buck (1892-1973)
(dedicado a quién él ya sabe :p)"Algún día en cualquier parte, en cualquier lugar indefectiblemente te encontrarás a ti mismo, y ésa, sólo ésa, puede ser la más feliz o la más amarga de tus horas."Pablo Neruda (1904-1973)
La coletilla es aquella palabra que inconscientemente utilizamos al final de cada frase de forma adictiva. Es el “¿vale?”, “¿no?” y derivados que pretenden o bien encontrar algo de actividad cerebral en el interlocutor o dar un refuerzo a lo dicho anteriormente.
Cada persona tiene, en mayor o menor grado, una coletilla. Esto no tiene por qué ser malo si no se abusa de esta. El problema radica cuando se utiliza después de cada palabra de forma indiscriminada. ¿A qué viene esto?
Anteayer, señoras y señores -tras varios años de miedos e indecisión- me apunté a la autoescuela para conseguir ese precioso trocito de plástico que me permitirá alcanzar algo de independencia parital y disminuirá radicalmente mi número de discusiones por cuestiones de desplazamiento. El carné de coche no es tan solo el poder del movimiento motorizado, sino la libertad.
La verdad es que jamás hubiera imaginado que la teórica pudiese ser tan fácil, se ve que los nuevos exámenes están adaptados para todo tipo de personas… Aunque de los profesores no se pueda decir lo mismo.
Mi profesor de teórica está contraindicado para personas con alta presión sanguínea, estrés e hiperactividad. ¿La causa?
La coletilla.
Este buen hombre ha batido el inquebrantable récord de repetición de coletilla en hora lectiva de la historia de la humanidad, puesto que en media hora (atención, no conté la hora entera), fue capaz de repetir 136 veces la coletilla “eh” y 54 la coletilla “¿vale?”, sin contar otras como “ok” y “¿no?”.
Si tenemos en cuenta que en clase estábamos visualizando un DVD sobre el tema de las ruedas con pequeñas pausas entre concepto importante y concepto importante, en realidad el hombre había hablado poco más de un cuarto de hora. ¿Cómo es posible que no me haya arrancado las venas a mordiscos?
¡¡No a las coletillas por favor!!
Hasta hace bien poco mi sobredosis de complejos me impedía portar aquella delicada prenda tan característica de Peter Pan y de la mujer, puesto que las faldas y minifaldas (aquellos inmundos trozos de tela que no suplen bien su objetivo de tapar la vergüenza humana) me provocaban una insoportable alergia estética, así pues ni hablar de medias. Hasta tal extremo había llegado mi autoestima que mis jamones no se exhibieron públicamente entre los 10 y 19 años. Una verdadera pérdida para los amantes de la belleza clásica y renacentista.Sin embargo, pasada la adolescencia y en una continua lucha con mi auto concepto, llegó un momento que quise experimentar de nuevo aquella extraña sensación de sentirse desnuda estando vestida.
Recuerdo aquellos primeros días veraniegos con ese vestido zorrón estirando la faldita aterrorizada por un improbable golpe de viento. Más tarde, cuando aprendí que usando medias te sientes bastante menos desnuda, alcancé un estado estético que alcanzaba el nirvana… Poder caminar sin temer mostrar el culo al ojo ajeno, sin traumatizar a la población mallorquina.
La media de vida de una media (valga la redundancia) cuyo objetivo sea tapar esos trozos de carne a los que mis padres cariñosamente llaman “piernas” alcanza poco más de doce horas. No se sabe si es porque tengo pinchos cual camaleón o si soy más bruta que el malo de Popeye en un table dance, la cuestión es que somos incompatibles.
Y lo que me fastidia no es la carga económica que me supone, sino que se destruyan por voluntad divina. Ya que no me las arrancan en actos de pasión ni me las arranco yo apasionadamente.