Mademoiselle Why Artwork

domingo, enero 28, 2007

Jugando a billar



Decidiendo quién iba con quién en una partida de billar.

Yo- ¿Con quién voy?
Vicky- Sola.
Y- Jo, no tengo amigos.

miércoles, enero 24, 2007

Humillaciones sociales

¡Qué inexperto el ser humano que creó la sociedad y, con ella, las normas sociales! ¿No era consciente de que con ese desafortunado invento se expondría a la llamada humillación social?

No sé si estará ya comprobado científicamente, pero es común en las personas poseer ese gen de patosidad extrema que hace que, en ciertos momentos de nuestras vidas, pensemos seriamente la posibilidad de pegarnos un tiro y acabar ya con nuestra tortura.
¿Qué tendrá la tontería humana que siempre surge en el momento más vergonzoso e inesperado? ¿Qué clase de fijación tendrá la humillación conmigo?

Como soy patosa por naturaleza, y siempre abro la boca cuando no toca para soltar una barbaridad o hacer una gilipollez de esas que hacen historia, he decidido dedicar un pequeño espacio aquí para comentar mis jugadas magistrales de tontería veinteañera. Para que vosotros, como los que estaban presentes en el momento preciso, podáis esbozar una leve sonrisa o, simplemente, pegarme por la calle.

En este espacio se contarán sucesos duros; no aptos para personas vulnerables o sensibles a la vergüenza ajena. Sucesos como una de mi primera experiencia con un eMac.

Prometo que en próximos episodios la historia será reciente.

Música

Siempre digo que a cada tipo de música le corresponde un momento y a cada canción una época. La música no es tan sólo ritmo y letra es, además, la expresión de nuestro estado de ánimo. Un compañero fiel que nos cantará dulces baladas cuando estemos decaídos y alegres notas cuando seamos felices, solo depende de la canción, del grupo y de lo que represente para nosotros.

Hay canciones que en ciertos momentos de nuestra vida nos encantarán, porque hablan de algo que nos está pasando en ese momento y que posteriormente no serán capaces de provocar las sensaciones que nos brindaba. La gracia está ahí, en ir variando según el momento.

Sin embargo hay canciones inmortales para nosotros; canciones realmente buenas que prevalecen en el tiempo sin depender de modas o nuevas versiones, ni tan siquiera de nuestro contexto personal; son aquellas canciones que a pesar de tener diez años nos hacen mover el pie a su ritmo, o bien saltar en un concierto o bailar desenfrenadamente en una discoteca. Leyendas de la música.
Las buenas canciones nunca mueren, pasa con el heavy, el rock, la música electrónica e incluso con el pop.

Mis inmortales:

Mad about you de Hooverphonic
Sweet dreams de Eurorythmics
T.N.T de ACDC
Collide de Anarchy club
Welcome to the jungle de Guns n' Roses
Mama said de Metallica
Enter Sandman de Metallica
Lacrimosa de Mozart (gilipollas de mí, MozarT, MozarT... no Mozard -___-U -Pero bueno, lo importante es la canción-)
Money de Pink Floyd

lunes, enero 22, 2007

Frets on Fire

Hace ya unos cuantos meses descubrí -o me descubrieron- un juego por ordenador similar al Guitar Hero de PS2, un juego de música en el cual el jugador emula tocar canciones con una guitarra o, en este caso, con un teclado cogido al revés: El Frets On Fire
La gracia del juego radica en acertar las notas que van apareciendo en pantalla sincronizadas con la música que suena, un concepto simple que puede llevar a una dificultad extrema según el nivel y la canción seleccionados.

Si tienes dedos hábiles se te dará bien este juego, si no los tienes... no hay mejor forma de entrenarlos.

¿En qué se diferencia del Guitar Hero?
Simple:

En el Guitar Hero tienes el aliciente de jugar para conseguir nuevas canciones, personajes, guitarras, trajes y acabados. La magia radica en ir mejorando, avanzando y siguiendo el duro camino del guitarrista hasta alcanzar la fama.
Las frases graciosas entre carga y carga también le dan atractivo, imposible no esbozar una sonrisa al leer genialidades como: "Tu madre no cuenta como una fan" o "La vida de los músicos es dura, pero la del batería es casi imposible"; además, la posibilidad de jugar a dobles con un amigo hace que este juego sea una propuesta muy atractiva para quedadas de vicio o días perezosos.

Lo malo es que, a pesar de los preciosos escenarios, tanto movimiento nos acaba despistando y acabamos fallando, perdiendo el hilo y destrozando toda la canción; y, lo más importante, la lista de canciones está limitada y cabe la posibilidad de que esta no sea de nuestro gusto.
Otro punto negativo es que si deseamos jugar fuera de nuestro dulce hogar (en la universidad o en cualquier otra casa) debemos llevarnos la consola y la guitarra.

El Frets on Fire, en cambio, solo se centra en el acto de tocar la guitarra. Podemos picarnos con amigos a ver quién saca la mayor puntuación, sin embargo cuando estamos incomunicados pierde parte de la gracia. Mejoramos tocando por puro vicio y por batir nuestros propios records (cosa que tampoco está mal).
Y no hay citas ocurrentes en la carga (así que nos vemos obligados a ser ocurrentes nosotros) y solo se puede jugar de forma individual.

Sin embargo este juego está bajo licencia GPL, lo que significa que protege las libertades del usuario permitiendo su modificación para la introducción de cambios o mejoras (mediante un código libre o abierto al público) y su libre distribución.
Esto permite una evolución y mejora continua -ya que cada uno puede poner su granito de arena- y una infinidad de canciones que nos permiten seleccionarlas según nuestro criterio musical y, en el caso de no encontrar la canción deseada, hacerla nosotros mismos con la herramienta que nos facilita el programa.
Otro punto positivo es que con el adaptador de ordenador para mandos de la Playstation podemos jugar con la guitarra del Guitar Hero al Frets on Fire. La posibilidad de jugar con esta o no nos permite jugar fuera de casa precisando tan solo de unos auriculares por si nuestro talento musical molesta a los vecinos.

Si os gusta la música y soñáis con ser un gran guitarrista es un juego de lo más apetitoso. Altamente recomendable.

jueves, enero 18, 2007

Acabo de cumplir ventiún años...

Acabo de cumplir veintiún años y aún no sé que hacer con mi vida en un futuro. Y... ¿Sabéis qué? No me importa. La vida es muy corta y hay mucho tiempo para agobiarse.

Es muy complicado determinar qué modelo de vida se ha de llevar para alcanzar la felicidad; es cierto que no tengo mucha experiencia en el tema, ya que dos décadas no me permiten tener la sabiduría de un centenario, y que mi opinión es tan solo subjetiva... que cada persona tiene su ideal de felicidad y su tiempo para alcanzarla. Sin embargo, algo os puedo decir con total certeza: ser infeliz en el presente para alcanzar una felicidad futura no te garantiza ni que la alcances, ni que en ese futuro ese modelo de felicidad te convenza después.

"Muchas personas se pierden las pequeñas alegrías mientras aguardan la gran felicidad."
Pearl S. Buck (1892-1973)

Entiendo que una persona tenga responsabilidades y que se preocupe por ellas, que hay que ser realista y no vivir tan solo el presente sin preocuparse por lo que llegará después.
El cuento de la cigarra y la hormiga, el de La lechera y muchos más nos hablan de ello: no soñar en vano y no hacer el vago para llegar a algo en la vida. Cuentos con moraleja que nos dicen que camino seguir.
Hay gente que los sigue al pie de la letra sin pensar que también hay otros cuentos. Historias que no hablan del futuro ni pretenden dar lecciones conductuales, simplemente se centran en el presente, en personas que finalmente se liberan y deciden hacer algo que siempre han deseado sin importarles lo que puedan pensar o creer el resto.

Está bien ser responsable en cierta medida, pero no centrarte tanto en ello hasta que te agobie el hecho de estar viviendo.
Sé que siempre hay alguien que espera algo, que siempre hay alguien con unas expectativas sobre nosotros, pero a veces cumplirlas todas conlleva descuidarnos y ser infelices. ¿De qué nos sirve entonces no defraudarles?

No seguir mi ejemplo, demasiado dionisiaco, ni el de ningún otro. Solo hacer lo que nos gusta con cierta frecuencia sin sentirnos culpables por estar perdiendo el tiempo.

"Algún día en cualquier parte, en cualquier lugar indefectiblemente te encontrarás a ti mismo, y ésa, sólo ésa, puede ser la más feliz o la más amarga de tus horas."
Pablo Neruda (1904-1973)

(dedicado a quién él ya sabe :p)

domingo, enero 14, 2007

The Kovak box

Ya hablé en Mi enemigo público (buscadlo si queréis pero a mi me da pereza) de mi pequeña experiencia como extra de cine y, al fin, se ha estrenado la película en la que saldré en la esquina derecha de la pantalla comiendome un moco del aburrimiento.

The Kovac box (de Daniel Monzón) al fin asoma la cabeza en los cines españoles recibiendo una nota "suficiente" en la IMDb.

Iremos a verla, por curiosidad, y ya la criticaré más adelante. ;)

viernes, enero 12, 2007

Todos contra las coletillas

La coletilla es aquella palabra que inconscientemente utilizamos al final de cada frase de forma adictiva. Es el “¿vale?”, “¿no?” y derivados que pretenden o bien encontrar algo de actividad cerebral en el interlocutor o dar un refuerzo a lo dicho anteriormente.
Cada persona tiene, en mayor o menor grado, una coletilla. Esto no tiene por qué ser malo si no se abusa de esta. El problema radica cuando se utiliza después de cada palabra de forma indiscriminada. ¿A qué viene esto?

Anteayer, señoras y señores -tras varios años de miedos e indecisión- me apunté a la autoescuela para conseguir ese precioso trocito de plástico que me permitirá alcanzar algo de independencia parital y disminuirá radicalmente mi número de discusiones por cuestiones de desplazamiento. El carné de coche no es tan solo el poder del movimiento motorizado, sino la libertad.
La verdad es que jamás hubiera imaginado que la teórica pudiese ser tan fácil, se ve que los nuevos exámenes están adaptados para todo tipo de personas… Aunque de los profesores no se pueda decir lo mismo.

Mi profesor de teórica está contraindicado para personas con alta presión sanguínea, estrés e hiperactividad. ¿La causa?

La coletilla.

Este buen hombre ha batido el inquebrantable récord de repetición de coletilla en hora lectiva de la historia de la humanidad, puesto que en media hora (atención, no conté la hora entera), fue capaz de repetir 136 veces la coletilla “eh” y 54 la coletilla “¿vale?”, sin contar otras como “ok” y “¿no?”.

Si tenemos en cuenta que en clase estábamos visualizando un DVD sobre el tema de las ruedas con pequeñas pausas entre concepto importante y concepto importante, en realidad el hombre había hablado poco más de un cuarto de hora. ¿Cómo es posible que no me haya arrancado las venas a mordiscos?

¡¡No a las coletillas por favor!!

sábado, enero 06, 2007

Noches de marcha

"Suerte, y recuerda que tu prima se llevará el recuerdo de esta noche".
Dios, que tensión... quizás debería haberte obligado a bailar latineo durante un par de horas por estas palabras sr. Fénix, da gracias de que sea piadosa y te haya dejado dormir.

Hoy he dormido cuatro horas... y sigo despierta. Sin drogas pero con alcohol soy como una pequeña locomotora que no para.

Estas navidades ha venido mi "prima" de Granada a conocernos; nunca he sido una buena anfitriona pero creo que, esta vez, lo he hecho bien.
Que niña, si es un pedazo de pan... ojalá hubiese podido llevarla a Ibiza. Quizá este verano.

Oh, creo que ningún varón es conciente de lo que pueden ligar tres jóvenes en una noche de marcha... tendría que haber llevado un bate para espantar a los pretendientes, es halagador aunque yo haya sido la chica endosada al feo del grupo. Que triste, encima estoy borracha.

En fin, no hagáis caso a este post... Paz y amor a todo el mundo.

Ains, pero que requetemonas son mis niñas.

viernes, enero 05, 2007

Jill y sus medias

Hasta hace bien poco mi sobredosis de complejos me impedía portar aquella delicada prenda tan característica de Peter Pan y de la mujer, puesto que las faldas y minifaldas (aquellos inmundos trozos de tela que no suplen bien su objetivo de tapar la vergüenza humana) me provocaban una insoportable alergia estética, así pues ni hablar de medias. Hasta tal extremo había llegado mi autoestima que mis jamones no se exhibieron públicamente entre los 10 y 19 años. Una verdadera pérdida para los amantes de la belleza clásica y renacentista.

Sin embargo, pasada la adolescencia y en una continua lucha con mi auto concepto, llegó un momento que quise experimentar de nuevo aquella extraña sensación de sentirse desnuda estando vestida.

Recuerdo aquellos primeros días veraniegos con ese vestido zorrón estirando la faldita aterrorizada por un improbable golpe de viento. Más tarde, cuando aprendí que usando medias te sientes bastante menos desnuda, alcancé un estado estético que alcanzaba el nirvana… Poder caminar sin temer mostrar el culo al ojo ajeno, sin traumatizar a la población mallorquina.

Fue en ese preciso instante cuando me di cuenta de mi incompatibilidad con las medias.

La media de vida de una media (valga la redundancia) cuyo objetivo sea tapar esos trozos de carne a los que mis padres cariñosamente llaman “piernas” alcanza poco más de doce horas. No se sabe si es porque tengo pinchos cual camaleón o si soy más bruta que el malo de Popeye en un table dance, la cuestión es que somos incompatibles.

Y lo que me fastidia no es la carga económica que me supone, sino que se destruyan por voluntad divina. Ya que no me las arrancan en actos de pasión ni me las arranco yo apasionadamente.

miércoles, enero 03, 2007

Hablando se conoce la gente

-El día menos pensado seguro que acabamos con el planeta. El calentamiento global ya es un problema que empieza a ser importante. ¡Y pensar que hace diez años te hablaban de ello y pensabas que eran unos exagerados!

-Sí, ¿Verdad?... Ya que el verano se alarga creo que tendré que renovar mi selección de bikinis.

Pd.: Casi me olvido... ¡¡Feliz año nuevo!!